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DISCURSO DEL PAPA JUAN XXIII
A UNA PEREGRINACIÓN DE LA DIÓCESIS DE METZ
Y A VARIAS PEREGRINACIONES ITALIANAS
*

Patio de San Dámaso
Domingo 8 de julio de 1962

 

Queridos hijos de Francia,
Queridos peregrinos de la diócesis de Metz:

Con gran gozo acogemos hoy vuestra peregrinación en la que se encuentra una selecta representación del clero y de las parroquias de la valerosa Lorena, tan rica en tradiciones cristianas, tan fiel a la Iglesia y la Santa Sede.

Habéis querido testimoniar la vitalidad de esta preciosa herencia de fe, de la que sois privilegiados beneficiarios, viniendo a Roma a visitar al humilde sucesor del Príncipe de los Apóstoles. ¡Sed bienvenidos!

El Evangelio del cuarto domingo después de Pentecostés, Nos proporciona las palabras de aliento y exhortaciones que de Nos esperáis. Cuenta, en la descripción que hace San Lucas, el maravilloso episodio de la pesca milagrosa, con la orden de Cristo a San Pedro: Adéntrate en el mar. "Duc in altum!".

Nos agrada dar estas palabras tan sugestivas come consigna sagrada a la multitud reunida en la Basílica Vaticana en la reciente fiesta de San Pedro y queríamos que repercutiera en el mundo entero. Con gozo también os la dirigimos a vosotros hoy, como una invitación a la hermosa esperanza, como garantía de serena confianza en el futuro.

"Duc in altum!". Tal es la divisa de los católicos, lo mismo que de las antiguas y gloriosas comunidades que han aportado su vigor al patrimonio cristiano, después de haberles dado vida, a las jóvenes y fervientes cristiandades, fruto precioso del trabajo misionero. Sí. "Duc in altum". ¡Adentraos! Marchad sin miedo hacia lo que la Providencia os prepara, con el corazón abierto a todas las grandes y santas iniciativas. Que ni las incertidumbres del presente ni las inquietud del mañana frenen vuestros esfuerzos generosos.

Recordamos, al pensar en vuestro país, la divisa tan expresiva que hemos meditado y comentado muchas treces a lo largo de nuestros años de Nuncio en París: "Fluctuat nec inergitur" (Flota, no se hunde). Es la divisa de la capital de Francia, pero Nos agrada verla también, por extensión, como símbolo de la misión de toda nación: cada una puede ser comparada a un barco, zarandeado muchas veces, es verdad, por numerosas tempestades; pero la Providencia sostiene y guía la frágil navecilla, y no se hundirá. Nos proporciona esta confianza al encontrarnos con vuestra mirada, el recuerdo que no podremos jamás olvidar, del respeto y amor con que los hijos de toda Francia, acogían siempre la palabra del Papa, de la que Nos éramos humilde intérprete. ¡Qué estremecimiento de entusiasmo el de aquellas multitudes reunidas en las basílicas, en los santuarios para acoger al Mensajero del Santo Padre.

Y ahora, en, el puesto de responsabilidad en que Dios Nos ha situado, recogemos el eco del fervor con que Nuestra palabra es recibida siempre por los hijos de la Iglesia católica y por los hombres de buena voluntas. Y cuando graves acontecimientos Nos proporcionan la ocasión de intervenir para dar las advertencias o el aliento que Nos dicta el deber de Nuestra tarea apostólica, Nuestro corazón queda confortado por la acogida que encuentran Nuestras palabras, por el asentimiento que se les presta, por las reflexiones que suscitan y, sobre todo, por las sabias resoluciones, llenas de prudencia y clarividencia, que ellas engendran. En estos mensajes se manifiestan, por encima de las contingencias del momento, las pruebas de Nuestro amor a todos los pueblos y el testimonio de la solicitud con que seguimos el desarrollo de los acontecimientos que conciernen a la vida y a los intereses más elevados de cada uno de ellos.

Vuestra Patria, deseamos siempre reconocerlo y proclamarlo, ha sido colmada con largueza por los dones de la Providencia. Es su honor el haber sabido y querido beneficiar generosamente a otros pueblos. Estos pueden testimoniar que ella, en el pasado, los ha hecho participes de las riquezas de su lengua, de su cultura, de sus progresos técnicos y los ha hecho tomar conciencia de los derechos y deberes que la gran familia humana confiere a todos los pueblos para su desarrollo. El pasado es la garantía del futuro. Esto Nos inspira, pensando en los acontecimientos de los últimos meses, ideas, a pesar de todo, plenas de confianza y optimismo.

Hubiéramos querido y esperamos decir todo esto al obispo de vuestra diócesis, a él que ha preparado esta peregrinación con tanto gozo y celo. Queridos hijos; llevadle vosotros Nuestros votos y Nuestra afectuosa bendición, esperando que la Providencia le conduzca a Roma, para la apertura del ya próximo Concilio Ecuménico.

Otros prelados franceses que Nos son bien conocidos y queridos Nos han escrito para decirnos que su edad o su estado de salud no les permitiría asistir a esta gran asamblea de la Iglesia. Sepan que el corazón del Papa les une a sus venerados colegas en los sentimientos de una misma estima y de un mismo afecto.

Para vosotros, queridos hijos de Lorena, aún unas palabras para agradecemos vuestra presencia, vuestros regalos, vuestro fervor y para daros con una gran efusión de Nuestro corazón y en prenda de los mejores favores divinos para vosotros, vuestras parroquias, vuestras familias, una muy grande y paternal Bendición Apostólica.

* * *

A LAS PEREGRINACIONES PROCEDENTES
DE DIVERSOS PUNTOS DE ITALIA

 

La orden de Cristo al apóstol San Pedro: "Duc in altum": Adéntrale en el mar, continúa resonando en el ánimo del Papa y de todos los componentes de la tripulación de la mística barca, que es la Iglesia.

Es oportuno repetirlo hoy, pues lo hemos leído en el Evangelio de la Misa, repetirlo para alentaros, queridos diocesanos de Gubbio y Sessa Aurunca, y también vosotros, queridos hijos e hijas de la Acción Católica italiana.

La consagración episcopal celebrada esta mañana en la iglesia de los Doce Apóstoles de un nuevo obispo, hijo de Umbría, discípulo del "Poverello de Asís", llamado a entrar en la sucesión de los Apóstoles, Nos ofrece motivo para aplicar este gran precepto.

Conocéis el episodio del lago de Tiberiades y gustáis toda su suavidad.

La diócesis es una porción de la Santa Iglesia: a ella también le conviene la figura de la frágil barca y de las aguas, a veces agitadas. La Acción Católica, a su vez, representa las almas, de las que habla San Lucas, siempre dispuestas a acercarse al Señor y escucharle: "En torno a Cristo la multitud se agolpaba para escuchar la palabra de Dios" (Lc 5, 1).

Vosotros, maestros católicos, queréis compenetraros de la enseñanza evangélica para educar a los pequeños y avezarlos para la gran travesía de la vida. Sagrada misión la vuestra, la más próxima al ministerio sacerdotal. El "duc in altum" tiene la fuerza persuasiva que os llega de la fe. La fe os hace ver al niño a la justa luz y os plantea problemas, a veces dramáticos, con relación al presente y al futuro.

Y a vosotras, queridas hijas de la Juventud Femenina, se os exige mirar alto en todo: en la pureza y en la defensa de las costumbres, en la bondad sabiamente difundida, en el perfume de la oración, para que aumente el número de las familias que hacen honor al nombre y a la gloria del apostolado cristiano.

Todos cuantos aquí estáis, de edad y condición diversa, ocupados en las diversas tareas que os ha encargado la Providencia, sabed corresponder a vuestra vocación y dad ejemplo de pronta adhesión a la voluntad del Divino Maestro.

El misterio de la Encarnación del Hijo de Dios ha planteado el problema del hombre a la nueva luz de hijo adoptivo de Dios, al que ahora, con la ayuda de la gracia, todo es posible en orden a la verdadera grandeza, al entusiasmo heroico y a la santidad.

Al pensar en la propia diócesis —cada una tiene tradiciones religiosas distintas, su riqueza de fe, sus páginas de gloria y sufrimiento—, el corazón se conmueve.

Pedimos que en todas triunfe la colaboración de los hijos con el obispo y que sean muchos los que le ayuden a lanzarse mar adentro, para recibir a los náufragos en la barca del Señor y entusiasmar a todos en la grave tarea de la evangelización del mundo.

Animaos, queridos hijos e hijas de Umbría y de Campaña, del Movimiento de Maestros y de la Juventud Femenina. Meditad las palabras finales del Evangelio de hoy. Son promesa y aliento a la vez para Pedro:

"Y Cristo dijo: Simón, no temas; de ahora en adelante serás pescador de hombres". Y qué pronta es la aplicación práctica que todos, siguiendo el ejemplo de Pedro, se disponen a hacer: "Sacadas a la orilla las barcas y abandonadas todas las cosas, le siguieron" (Lc 5, 1-5).

Queridos hijos, podréis imaginar cuál es el deseo de Nuestro corazón: Que cuantos estáis hoy junto al Papa queráis siempre, y en toda circunstancia, seguir a Cristo y a su Iglesia, con firmeza de fe y de carácter y con generosidad de obras.

La Bendición Apostólica se extiende a todos vosotros, a vuestros familiares, a las instituciones que representáis; a la vez que, de nuevo, llevamos vuestras almas a la visión de los Apóstoles y Discípulos en las orillas del lago, próximos a Cristo, para escuchar sus enseñanzas y seguir su mandato: "Duc in altum!".

Sí, a más extensos horizontes, a una más ferviente acción apostólica, a una ardorosa acción social. Amén.

 


* Discorsi Messaggi Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, vol. IV, pp. 424-429.

 

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 



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