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MENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL PUEBLO CONGOLÉS

 

La visión de una nación africana disfrutando de la libertad y comprometida en su desarrollo moral, cultural y económico, es para nuestro espíritu un ideal y una esperanza, que debería encontrar en el Congo su mejor realización moderna. También repercuten en nuestro corazón los sangrientos desórdenes que afligen al Congo, y la preocupación de nuestro oficio pastoral nos obliga a dirigir un vibrante llamamiento a todos los responsables para que comprendan que nada se construye con las luchas fratricidas, y que sólo una paz verdadera, fundada en la verdad, la justicia, la caridad y la libertad, puede permitir a la joven República del Congo edificar para sus hijos un sólido futuro y ocupar con honor el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones. Pensamos en todo el pueblo congolés, y particularmente en las desgraciadas víctimas de los últimos acontecimientos, en todos aquellos —sin distinción— que han sufrido en estas trágicas circunstancias.

No podríamos olvidar que entre ellos hay misioneros, religiosos y religiosas, que han dado testimonio de sangre de su fidelidad al Evangelio y de su amor por la Patria congoleña. Habían llegado para poner sus mejores energías al servicio de la nueva nación, y ciertamente que no deseaban otra cosa que su prosperidad y su desarrollo pacífico.

Hacemos un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad para que unan sus esfuerzos y conjuguen sus energías para mantener a raya la discordia y el odio que socavan los cimientos de toda sociedad. Demasiadas ruinas materiales y morales se han acumulado ya. Ya es hora de que cada cual vuelva a respetar a su hermano como hijo de un mismo padre. Ya es hora de poner dique a las pasiones e impedir que su fuego crezca de día en día. Por su parte, la Iglesia no ha cesado de realizarlo. En esta hora tan dolorosa, requerimos solemnemente a todos nuestros hijos y a todos los hombres de bien a que se entreguen con todos los medios a su alcance a realizar labor de paz.

Suplicamos al Todopoderoso que corone sus esfuerzos de paz y de todo corazón los bendecimos,

Vaticano, 10 de diciembre de 1964.

PABLO PP. VI

 


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