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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL EMBAJADOR DE
BOLIVIA ANTE LA SANTA SEDE*

Sábado 16 de noviembre de 1968

 

Señor Embajador:

Complacido hemos escuchado y agradecemos las expresiones que Vuestra Excelencia acaba de dirigirnos al presentar las Cartas Credenciales que lo acreditan Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Bolivia ante la Santa Sede. En sus acentos de adhesión a nuestra persona, en sus referencias a la justicia y solidaridad, en sus bondadosas frases que recordaban nuestros mensajes de paz y amor, hemos percibido el eco de los sentimientos de la queridísima Nación Boliviana que es objeto de nuestros pensamientos y esperanzas.

Con solicitud cordial seguimos, en efecto, las situaciones de Bolivia. En medio de sus vicisitudes políticas, cuántas veces nuestros deseos se han hecho plegaria al Altísimo para que las instituciones rectoras de la vida de la Patria discurran siempre por cauces de normalidad y de estabilidad, estén continuamente marcadas por un esfuerzo ordenado e la buena administración, por el respeto de los derechos de la persona y así encarnen y defiendan los ideales de justa libertad, de creciente promoción civil y social, de pacífica convivencia, ideales que corresponden a las legítimas aspiraciones del hombre y a los destinos inviolables de las naciones.

Por lo que se refiere al aspecto económico-social, íntimo gozo nos procuran los propósitos que se notan de renovación y de creciente desarrollo cuya ejecución reclama, en colaboración constructiva de mentes y de voluntades, todas las energías del País. Abiertamente diremos, como lo hicimos en nuestro reciente viaje al Continente Americano a que Vuestra Excelencia aludía, que cuanto se haga por dar al pueblo humilde un mejor tenor de vida, retribuyendo equitativamente a los trabajadores, realizando planes que provean a la alimentación, a la asistencia sanitaria, a la habitación dignas y convenientes, es obra de caridad y de justicia que cuenta con nuestro aliento y reconocimiento. De manera especial queremos referirnos a los programas de cultura, de educación de base, de orientación profesional, de formación de la conciencia cívica y política, que contribuirán a que cada uno de los ciudadanos, aun los menos favorecidos y pudientes, desarrolle la propia dignidad, sea sujeto consciente de derechos y de obligaciones y coopere responsablemente al progreso integral de la nación. A quienes en Bolivia perciben y emprenden con perspectivas valientes estas innovaciones, estudiando y ejecutando proyectos orgánicos, van nuestra benévola complacencia y nuestra bendición confortadora.

Con afectuoso interés seguimos también las iniciativas religiosas en favor de ese católico Pueblo de Bolivia que atesora virtudes profundas. Al contemplar las vastas diócesis, las parroquias, las organizaciones de apostolado esparcidas en la geografía nacional, nos invade un sentimiento de satisfacción pastoral ante los decididos esfuerzos que el Episcopado, el Clero, los Religiosos y tantos seglares realizan -esfuerzos que acompañamos con nuestros mejores votos y plegarias- por una mayor y más metódica instrucción religiosa, especializada y popular; por una adaptación constante a las normas conciliares; por la ulterior pujanza del espíritu cristiano nítido y fielmente vivido en las conciencias, en el ámbito familiar, en la sociedad nacional a cuyo bienestar civil y cristiano tanto pueden y deben contribuir, en el camino de la civilización moderna, los Pastores e hijos de la Iglesia como sus antepasados hicieron.

Señor Embajador! Al asegurarle nuestra benevolencia para el cumplimiento de la alta misión que hoy comienza, invocamos sobre su persona, sobre el Señor Presidente -cuyo saludo agradecemos-, el Gobierno y sobre todo el dilectísimo Pueblo de Bolivia, copiosos dones divinos.

 


*AAS 60 (1968), p.803-804.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. VI p.608-609.

L'Osservatore Romano 17.11.1968, p.1.

L’Attività della Santa Sede 1968, p.1038-1040.

                                        



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