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 DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE PAKISTÁN*

Jueves 18 de septiembre de 1969

 

Señor Embajador:

Recibimos con sincera satisfacción las cartas que acreditan a Su Excelencia como embajador extraordinario y plenipotenciario de la, República del Pakistán ante la Santa Sede. Le prometemos nuestra comprensión y nuestra colaboración en el cumplimiento de sus importantes tareas.

Aseguramos también a Su Excelencia y a todos sus conciudadanos de cualquier convicción religiosa, que nosotros perseveraremos constantes en nuestros esfuerzos para establecer la dignidad de la persona humana y para fomentar la constante elevación espiritual, moral, intelectual y física de todos los hombres. Y agradecemos de todo corazón cualquier ayuda que se nos ofrezca para conseguir estos nobles propósitos.

En efecto, la Iglesia católica enseña que « la fe debe manifestar su fecundidad imbuyendo toda la vida, incluso la profana, de los creyentes, e impulsándolos a la justicia y al amor, sobre todo respecto del necesitado » (Gaudium et spes, n. 21). Por otra parte, reconoce que en « el primer lugar » entre quienes adoran al Creador « se hallan los musulmanes, que afirmando mantenerse en la fe de Abrahán, adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres el último día » (Lumen gentium, n. 16). Por esta razón la Iglesia, basándose en esta creencia común, se esfuerza por fomentar la concordia y la paz entre las personas, las familias, las naciones y las razas, por medio del respeto de la justicia social e internacional, puesto que el fruto de la justicia es la paz.

Sirviéndonos de sus buenos oficios, enviamos nuestro deferente saludo a Su excelencia el Presidente del Pakistán, y nuestros mejores deseos al pueblo de su nación. Sobre todos, en prenda de los divinos favores de prosperidad y de paz, invocamos las bendiciones de Dios, misericordioso y clemente.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.39 p.8.

 



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