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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE MALTA ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 4 de febrero de 1971

 

Señor Embajador:

Hemos escuchado con profunda satisfacción las nobles palabras que Vuestra Excelencia nos ha dirigido en este momento, presentándonos las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Malta ante la Santa Sede.

Se lo agradecemos vivamente y, al darle nuestra bienvenida, tenga la seguridad que apreciamos en todo su valor la nobleza de sus sentimientos y la profunda conciencia que usted tiene de la alta misión que se le ha encomendado. Todo ello es garantía de que Vuestra Excelencia es persona bien distinguida para representar a su nación ante la Santa Sede, y nos inspira confianza el que, gracias a su labor, las buenas relaciones entre Malta y la Santa Sede continúen desarrollándose en ese clima de cordialidad que actualmente las caracteriza.

Nuestra confianza esta avalada por el hecho de que –como justamente Vuestra Excelencia ha manifestado– entre la Santa Sede y Malta existen vínculos espirituales cuyo valor supera con mucho los formulismos diplomáticos; es la fidelidad secular a la Iglesia Católica, tan profundamente arraigada en la vida y costumbres de vuestro pueblo, lo que sin duda se podría definir como la nota propia el patrimonio espiritual e inconfundible de su fisonomía espiritual.

Nuestro más vivo deseo, al acoger hoy aquí al nuevo Embajador de Malta, es que la floreciente comunidad católica maltesa continúe correspondiendo a su vocación cristiana y católica, y sepa conservar y acrecentar siempre más sus grandes recursos espirituales y el rico patrimonio de sus antiguas tradiciones religiosas. Es condición indispensable ésta para un futuro de paz y de verdadero progreso en vuestra Isla, y para el éxito de los generosos esfuerzos con los que vuestros gobernantes noblemente prodigan el desarrollo económico y social de vuestro pueblo.

Todo lo que Vuestra Excelencia haga con tal fin, encontrara aquí la mas solícita acogida, y le aseguramos que en el cumplimiento de su tarea encontrad siempre el apoyo completo y sincero de nuestros colaboradores y de nosotros mismo.

Formulando ante Dios cordialmente los mejores deseos para Vuestra Excelencia y por el feliz éxito de su misión, impartimos de todo corazón nuestra bendición apostólica, que hacemos extensiva a los gobernantes y a todo el pueblo de Malta como testimonio de nuestro afecto y como prenda de las más altas bendiciones divinas.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.7 p.8.

 



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