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 DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE GABÓN ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 25 de febrero de 1971

 

Señor Embajador:

Agradecemos a Vuestra Excelencia las amables palabras que acaba de dirigirnos en nombre del señor Presidente Albert Bongo y os acogemos con sumo, gusto en este momento en que comenzáis a representar a vuestra nación ante la Santa Sede.

La Iglesia católica –¿es preciso decirlo?– mira al Gabón con gran estima y, confianza. Sabe que vuestro país posee en el corazón de África, gracias a una naturaleza fértil y a un rico subsuelo todo lo necesario para dar a sus habitantes la prosperidad material que, anhelan. La Iglesia conoce también las posibilidades de alfabetización y de cultura que existen para sus jóvenes sedientos de saber. Y se alegra finalmente al constatar que una gran proporción de gaboneses, abiertos a la re, llevan el nombré de cristianos y se sienten felices de pertenecer a la Iglesia

¿Qué desean los católicos en esta situación?, ¿qué buscan sus responsables?, ¿qué quiere la Santa Sede, centro y núcleo de la Iglesia universal? único que desean es vivir integralmente la fe con todas las exigencias que el mismo Cristo ha impuesto. Los cristianos saben muy bien que es duro el camino que lleva a situar el conjunto de la vida, de las costumbres y de las tradiciones, respetándola en su valor específico legítimo, bajo la luz del Evangelio y bajo la influencia de la gracia, que las harán fructificar plenamente y las "salvarán". A actuar de esta forma, sin entrometerse en cuanto tal en la política, la Iglesia –ésta es al menos su intención– piensa servir igualmente los intereses superiores del país: colabora con gusto a la organización social, preocupándose especialmente de los pobres y los pequeños; sólo pide poder participar, según sus posibilidades, en el desarrollo de la instrucción, formando los corazones, al mismo tiempo que los espíritus, en moral, respectando el deseo de servir a los demás con desinterés, fomentando la responsabilidad. La Iglesia, gual que en todas partes, busca promover la justicia, la paz y el amor fraterno entre los ciudadanos y con los hermanos de todo el mundo.

Agradecemos a las Autoridades civiles de vuestro país que sepan comprenderlo y establezcan con las Autoridades religiosas estas relaciones sociales que tanto nos animan. Con la firme esperanza de que continuarán y se intensificarán para el bien de la Iglesia y de todos vuestros queridos compatriotas, formulamos los mejores deseos por la misión de Vuestra Excelencia e imploramos de todo corazón sobre vos, sobre el señor Presidente de la República y sobre todos los gaboneses que representáis las abundantes bendiciones del Todopoderoso.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.10 p.8.

 



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