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DISCURS0 DEL PAPA PABLO VI
AL COLEGIO DE DEFENSA DE LA OTAN*

Sábado 30 de enero de 1971

 

Señores:

No habéis querido dejar Roma, al final de esta 37 sesión del Colegio de Defensa de la NATO, sin venir a visitar a su Obispo para presentarle vuestro deferente homenaje, para escuchar su palabra y para recibir su bendición.

Nos hemos accedido muy gustoso a vuestro deseo, feliz de encontraros por unos momentos para deciros cuanto Nos apreciamos vuestro cortés gesto y también para desearos a cada uno de vosotros y a todas vuestras familias la felicidad y la prosperidad que legítimamente buscáis.

Estos meses transcurridos juntos os han permitido descubriros unos a otros, en la riqueza de vuestras diversidades personales y nacionales, y por medio de la búsqueda conjunta de un mismo bien para todos: la seguridad de vuestros países que ciertamente no puede lograrse ni garantizarse a no ser con y en la paz. Sabéis muy bien hasta qué punto llevamos en el alma esta búsqueda de la paz, Nos que hemos querido establecer un " Día mundial de la paz ", Nos que en toda ocasión que se Nos presenta tratamos de llamar la atención de los hombres hacia este valioso bien, Nos que nos esforzamos sin descanso en despertar las conciencias e incluso a veces, es preciso, en estimularlas. Por todo lo cual, no os sorprenderá Nuestro deseo: que todos los conocimientos que habéis adquirido, que todas las relaciones que habéis entablado, que todos los recursos de vuestra inteligencia y de vuestro corazón estén a lo largo de vuestra vida, dondequiera que se os llame a prestar servicio, consagrados a instaurar, a consolidar y a afianzar la paz.

Vuestra institución se define como un Colegio de defensa. Ojalá que su misma existencia no preste otro servicio que el de la paz. Que la formación que vuestra institución proporciona prepare a los hombres a utilizar, no las armas militares – incluso las que se justifican como defensa del derecho y de la civilización –, sino las armas políticas, y esto no para fomentar la división entre los pueblos, sino más bien para promover su unión.

Que vuestra acción sea la de " instrumentos de la seguridad y de la libertad de los pueblos " como enseña el Concilio (Gaudium et Spes, n. 79. 5). Que vuestra acción no sólo defienda, sino que también engendre la paz. Que la paz no sea privilegio de algunos, sino que llegue a ser el bien común de toda la gran familia humana, según el deseo del profeta: Llega el tiempo en que nadie habla ya " de violencia, de saqueo y de ruina " (cfr. Is. 60, 18). Que cada uno de vosotros y que todos los hombres puedan hacer suya esta ardiente oración del salmista: "Por amor de mis hermanos y compañeros, te deseo la paz. Por amor de la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien " (Sal 122, 8-9).

Este es Nuestro deseo, ésta es nuestra súplica. Por vuestras intenciones, por las de todos aquellos que os son queridos, Nos acompañamos Nuestro deseo. en prenda de las divinas gracias del "Dios del amor y de paz " (2 Cor 13, 11), con Nuestra bendición apostólica. " Que el Dios de la paz esté con todos vosotros. Amén " (Rom 15, 33).


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.6 p.2.

 



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