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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
A LOS PARTICIPANTES EN LA XVII CONFERENCIA DE LA FAO*

Viernes 16 de noviembre de 1973 

 

Señor Presidente,
Señor Director General,
Excelencias y distinguidos Delegados y Observadores:

Nos alegra saludar, en primer lugar, al señor director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, junto con sus colaboradores. Les agradecemos la amable visita que Nos hacen en el curso de los trabajos de esta XVII sesión de la Conferencia general. Ellos saben la profunda estima que Nos sentimos hacia sus tenaces esfuerzos contra el hambre. Sí, este trabajo solidario de investigación, de confrontación, de previsión, de organización, de ayuda mutua, extendida a todo el universo, que trata de afrontar los grandes proyectos a largo plazo y también las dificultades repentinas, como la que recientemente ha sufrido África, merece nuestra felicitación y Nuestro aliento, por estar al servicio de la vida de todos los hombres.

Nos alegra igualmente tomar contacto con las delegaciones de los Estados miembros de la FAO que participan en esta sesión. Este encuentro, junto con el examen de sus trabajos, Nos permite también renovar Nuestra atención sobre los problemas de la humanidad que espera de la tierra los medios para alimentarse como conviene, así como un desarrollo económico armonioso y creador de progreso. Estas palabras pretenden únicamente manifestarles cuánto Nos interesamos por sus trabajos, sus esperanzas y las esperanzas de los pueblos que representan. Todos estamos invitados a ensanchar nuestras perspectivas, a avanzar audazmente, para responder a las crecientes necesidades del mundo, sin permitir que se vaya acumulando un peligroso retraso.

En la presente asamblea, estáis llamados, queridos señores, a tomar decisiones referentes a las orientaciones de la política interna de la FAO, para fijar, según los criterios que se derivan de ellas, su programa ordinario para los años 1974-1975; se trata de realizar concretamente, en el terreno de los programas relativos a los diversos continentes, la campaña contra el hambre, así como el programa alimenticio mundial, de acuerdo con las Naciones Unidas. Vuestras decisiones deben, asimismo, precisar las orientaciones de la política internacional en materia de agricultura y de alimentación, según las exigencias del momento actual.

En efecto, la situación mundial con respecto a los planes agrícola y alimenticio, según se desprende de las relaciones recientemente preparadas por la FAO, Nos parece particularmente grave. Cualquiera que se interese seriamente por el destino de la humanidad no puede no estar preocupado por la disminución global, en el curso del año 1972, de la producción agrícola y alimenticia a escala mundial. Las reservas mundiales de trigo, particularmente, parecen haberse reducido de tal manera, que el nivel mínimo de seguridad alimenticia en el mundo quedaría gravemente amenazado si se manifestaran crisis de producción en el futuro inmediato por las razones que fueran.

Muy frecuentemente, por desgracia, frente a estas realidades y previsiones preocupantes, las Organizaciones internacionales no encuentran el apoyo real ni la ayuda abierta que tendrían derecho a esperar, dado que actúan continuamente en orden a la solidaridad universal. Existe en este punto un contraste entre la expectativa creciente de los países en vías de desarrollo y la ausencia de un compromiso suficientemente completo y amplio por parte de los países ricos.

Nos aprovechamos la ocasión para expresar esta impresión dolorosa que Nos hemos sentido: las recientes estadísticas demuestran que la ayuda pública global aportada por los países ricos va disminuyendo. No se ha llegado todavía a la contribución de al menos un uno por ciento de la renta que cada país debería dar, según su grado de desarrollo, a título de una ayuda efectiva a los países en vías de crecimiento. Sin embargo, el programa de las Naciones Unidas para el primero y el segundo decenio del desarrollo ha hecho referencia muy frecuentemente a este porcentaje. Y Nos mismo, hará pronto diez años, nos referimos a ello durante Nuestro viaje a la India.

Ha llegado el momento de hacer más vigoroso y amplio el movimiento de solidaridad entre los pueblos del mundo entero. Frente a la gravedad de la situación actual, es necesario renovar la voluntad política de ayuda mutua mundial. Permítasenos, pues, lanzar hoy un llamamiento urgente a la solidaridad, dirigida a los responsables, pero también a la conciencia de todos los hombres de buena voluntad.

Ciertamente, no es nuestra misión sugerir las soluciones técnicas o las opciones políticas concretas, y tomar así el puesto de la acción responsable de los Estados miembros de vuestra Organización. Pero nos compete hablar en favor de todos los pueblos, por el bien de todos los hombres, sin discriminación ni cálculo terreno alguno.

Nos pedimos una vez más, en nombre de la humanidad, que los Gobiernos, por medio de sus representantes autorizados, y ahora en el curso de esta conferencia de la FAO, demuestren que no se dejan encerrar en la perspectiva excesivamente estrecha de los solos intereses de su nación o de los resultados inmediatos de iniciativas políticas particulares; que lleguen a decisiones que les obliguen a colaborar más con el plan internacional, para que el desarrollo económico y el progreso de la sociedad queden asegurados; en este terreno, deberían prestar constantemente una atención especial a los países en vías de desarrollo.

Nos sabemos que la economía y las finanzas de países aún altamente desarrollados están atravesando actualmente un periodo complejo y difícil. Pero esto no nos exime de invitarlos con insistencia a superar las tentaciones de aislamiento, de proteccionismo o de relaciones directas, que harían pesar su propia potencia sobre países más débiles y más expuestos.

En el mismo sentido, Nos dirigimos también a la opinión pública mundial y a la conciencia de los pueblos más ricos en recursos, tecnología y energías humanas. Estos deben tomar en consideración no sólo las necesidades de su propio país, sino también las de los otros y dar, por tanto, apoyo a opciones políticas, exigir acciones concretas, que tiendan al bien de todos los hombres en la armonía de una comprensión fraterna.

Nos deseamos que los trabajos de esta sesión de la FAO abran perspectivas para una solidaridad efectiva, que permita pasar de la solución de ayudas de urgencia a un sistema más elaborado de seguridad alimenticia.

Nos hemos dado con entusiasmo nuestro apoyo a la reciente "Operación de la zona saheliana ", accediendo también a muchos ruegos: el vuestro, señor director general, el de las Iglesias locales, el de personas y organismos preocupados por salir al encuentro de la urgencia y amplitud de esta desgracia humana. Así, Nos invitamos a los pueblos y a los gobernantes a una colaboración rápida y generosa. Por otra parte, Nos hemos tenido buen cuidado de que estuvieran presentes los organismos de la Santa Sede, especialmente nuestro Consejo Cor Unum, así como Organizaciones Internacionales Católicas e instituciones de las Iglesias locales.

Pero estamos profundamente convencido de que tareas mucho más vastas que la de una ayuda ocasional se presentan en el horizonte a la Comunidad internacional y, en especial, a las organizaciones intergubernamentales, con el fin de establecer proyectos a largo plazo con las amplias perspectivas de una acción multilateral.

Es Nuestro deseo que la voluntad política de los Estados sea capaz de orientarse hacia un instrumento internacional que lleve consigo un compromiso real, que les conduzca a ir más allá de las formas del don generoso, pero ocasional y variable. De esta manera se podría llegar a formas de compromiso permanente en la justicia, respondiendo a la vez a los deberes de los pueblos, en función de su prosperidad, y a las necesidades de los países menos favorecidos; así se constituiría un sistema mundial de seguridad alimenticia.

Como todas las Organizaciones internacionales de la familia de las Naciones Unidas, vosotros también estáis mirando, según Nos pensamos, al período de este segundo decenio (del desarrollo), en que será preciso examinar atentamente cómo y en qué medida la Comunidad internacional podrá alcanzar los objetivos que se ha fijado, para satisfacer las necesidades más imperiosas de las poblaciones del mundo y las expectativas más legítimas de un progreso garantizado a todos, superando los desequilibrios y las discriminaciones. ¿No se podría desear también que se conceda una mayor atención a las posibilidades de instaurar una situación de justicia, gracias a relaciones y programas multilaterales, garantizados por organizaciones intergubernamentales?

De esta manera Nos renovamos Nuestro llamamiento, con toda la esperanza posible, para que, superando las dificultades que surgen continuamente y los falsos prestigios nacionales, se tomen decisiones que sirvan para favorecer una justa política económica de la agricultura y de la alimentación al servicio de las necesidades urgentes y de los intereses reales de la humanidad. Esto forma parte de ese humanismo pleno que tantas veces Nos hemos augurado y que lleva consigo el desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres (Populorum progressio, 42).

Lleno de esta esperanza, Nos rogamos a Dios, el Padre de todos los hombres, para que os asista en vuestros trabajos e inspire a los que representáis, a fin de que se utilicen hasta el límite de lo posible las sorprendentes posibilidades de solidaridad que el Señor concede a los hombres de Nuestro tiempo.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.47, p.9.

 



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