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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A UNA DELEGACIÓN DE REPRESENTANTES
DE LAS DIFERENTES TRADICIONES RELIGIOSAS DE JAPÓN


Sala del Consistorio del Palacio de Castelgandolfo
Miércoles 26 de julio de 1978

 

Queridos amigos:

Es siempre una alegría recibir visitantes de Japón. Y hoy nos complacemos especialmente al acoger a representantes de diferentes tradiciones religiosas de vuestra tierra.

Sabemos que en estos días habéis estudiado con nuestro Secretariado para los No Cristianos y con otros departamentos de la Santa Sede, temas de vital importancia para la humanidad: la paz y la promoción del espíritu religioso en los pueblos. Os lo agradecemos e invocamos sobre vuestros esfuerzos la bendición de Dios que es Padre de todos nosotros. Conocéis nuestro afán por estos ideales en los que está claro que tenemos interés común. Nos da alegría advertir la prioridad que dais al tema de la purificación del corazón, que es la clave de la solución de todo problema. Una de las afirmaciones de Nuestro Señor Jesucristo recogida en el Evangelio dice así: "Si tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo estará luminoso" (Mt 6, 22). Por ello, estamos convencido de que no habrá solución a los problemas de la libertad, la justicia social, el desarrollo integral y sobre todo la paz, sin que el corazón y las intenciones de los individuos sean puros. Que el Señor os ayude en esta búsqueda de un corazón puro, noble y generoso. Os rogamos seáis portadores de nuestro saludo y nuestra bendición a vuestras familias, vuestras comunidades y a todo el noble pueblo de Japón.



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