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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LA REUNIÓN PLENARIA DE LA PONTIFICA COMISIÓN
PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES


Miércoles 8 de marzo de 1978

 

Nos sentimos muy feliz de acogeros con ocasión de la "plenaria" de la Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales. Habéis sido llamados a formar parte de ella para colaborar con nosotros, según lo previsto por el Concilio Vaticano II, en el cuidado pastoral de un sector tan delicado e importante del apostolado moderno (cf. Inter mirifica, 19).

Os habéis reunido para evaluar la situación pastoral creada en todo el mundo como consecuencia del grandioso y, diremos, vertiginoso desarrollo de los instrumentos de comunicación social. Nosotros aprovechamos la ocasión con mucho gusto para confirmaros a cada uno y, por vuestro medio, a las Conferencias Episcopales, a las congregaciones religiosas, al laicado católico y a cuantos tienen la responsabilidad directa de dichos instrumentos, nuestra solicitud constante para que estos mirifica technicae artis inventa sean utilizados siempre —sobre todo por los cristianos— con conciencia vigilante y clara, es decir, respetando las normas morales inderogables, y al servicio del anuncio cristiano.

En efecto, no pocas veces nos llegan voces preocupadas por espectáculos humillantes, publicaciones indecorosas, manipulaciones de la verdad, obstáculos interpuestos a la expresión legítima de la vida religiosa a través de estos medios.

Afortunadamente nos llegan también noticias consoladoras sobre el empeño de tantas personas de buena voluntad que trabajan para dar aspecto cristiano a la prensa, para hacer que las transmisiones religiosas respondan a la grandeza del mensaje evangélico que transmiten, para orientar los medios de comunicación a fines de educación, desarrollo, cultura, diversión sana y sobre todo al servicio de una información verdadera.

¡Hermanos e hijos! Son problemas sobre los que no tenemos necesidad de llamar vuestra atención porque de hecho ya son objeto de vuestras preocupaciones y constituyen el objetivo del congreso actual.

Cada continente —lo sabéis muy bien— presenta en este campo una problemática propia, derivada de las distintas condiciones socio-culturales de cada país; sin embargo, en todas partes es patente la urgencia de un compromiso cristiano más intenso, generoso e incisivo, así como de una visión más clara de las responsabilidades de cada uno en orden al bien que promover o, por desgracia, también en relación con el mal que podría seguirse de la tolerancia nociva, del ofuscamiento de los principios ético-religiosos, y de un empeño insuficiente de proclamar super tecta el mensaje de la salvación realizada por Cristo.

A este respecto deseamos dirigiros un llamamiento particular y ardiente inspirado en la temática especial desarrollada por la reciente Asamblea del Sínodo de los Obispos: “La catequesis en nuestro tiempo con especial atención a los niños y a los jóvenes".

Entendernos la catequesis como iniciación plena a la vida cristiana, catequesis que hoy se puede servir de la ayuda eficaz de los medios de comunicación social. La catequesis ya no podría alcanzar a todos ni resultar convincente sin el empleo de estos medios reconocidos por la pedagogía moderna.

En el apostolado de las comunicaciones sociales es necesario dar prioridad absoluta a la información y formación religiosa, pensando no sólo en la sociedad humana que hoy —mucho más que en el pasado— tiene necesidad de linfa espiritual, sino también y sobre todo en las exigencias de las nuevas generaciones, las cuales, por falta de modelos y ejemplos válidos, corren el riesgo de agostarse precozmente a causa de la crisis de valores en que creer.

Que la satisfacción de esta exigencia primaria sea la aportación calificada ofrecida por vosotros a la acción evangelizadora de la Iglesia.

Con nuestra bendición apostólica.

 



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