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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A UNA REPRESENTACIÓN DEL CLERO Y DEL PUEBLO MEXICANO

Miércoles 29 de septiembre de 1939

 

No hay palabras para expresaros cuánto gozo y cuánta consolación nos depara la Divina Providencia al concedernos el poder saludaros en nuestra casa, hijos e hijas de Méjico.

Venís de la cara tierra en donde los discípulos fieles de Jesús se han hallado en la tribulación y en el padecimiento, en donde han sostenido persecución por la fe y el nombre de Jesús.

Decid en la patria a vuestros hermanos y hermanas que el Señor ha de galardonar con superabundancia su leal constancia en la fe. Los sacrificios que ellos han soportado por Cristo Rey son semilla divina que rinde centuplicado fruto.

Habéis levantado en Nuestro solar un monumento a la Sma. Virgen de Guadalupe: os damos por ello las gracias. Una confianza sin límites en el materno amor y en la poderosa protección de la Virgen Inmaculada nos unirá con vosotros.

A María hemos de invocar para que en todas las amenazas y opresiones venga en nuestra ayuda, inspire valor a los débiles, interponga su intercesión para todo vuestro pueblo y le obtenga de su Divino Hijo sacerdotes santos, hombres temerosos de Dios, madres piadosas, jóvenes firmes y constantes en la fe.

Como prenda de esto, os impartimos a vosotros y a todos vuestros parientes, a todos los que vosotros lleváis en la mente y en el corazón, a todos Nuestros queridos hijos e hijas de vuestra bella patria, a todo vuestro pueblo una muy especial y paternal Bendición Apostólica.

Bendecimos además y enriquecemos con indulgencias todos los objetos religiosos que habéis traído con vosotros.

 



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