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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Castelgandolfo
Miércoles 2 de septiembre de 1981

Queridos hermanos y hermanas;

Saludo a todos con afecto y me gozo en acogeros aquí para rezar juntos la oración del "Ángelus". Antes, quisiera invitaros a reflexionar brevemente sobre una frase del Señor que hemos leído en el Evangelio del domingo pasado.

Después de la reacción generosa, pero un poco miope de Pedro, que quería evitar el sacrificio supremo de Jesús en Jerusalén, el Señor reprende al Apóstol diciéndole: "tú piensas como los hombres, no como Dios" (Mt 16, 23).

Queridísimos: En estas palabras hay una invitación apremiante, dirigida también a nosotros, a que tratemos de sintonizar siempre nuestros pensamientos con los de Dios. En efecto, el mayor riesgo está en proyectar la vida y darle sentido independientemente de los planes y de la voluntad de Dios. Pero "conoce Yavé los pensamientos de los hombres" (Sal 94, 11), y el Profeta Isaías ya proclamaba: "Deje el impío sus caminos, y vuélvase a Yavé, que tendrá misericordia de él... Porque no son vuestros pensamientos mis pensamientos" (Is 55, 7. 8). Por tanto, los pensamientos de Dios son de perdón por una parte, y por la otra, de salvación obtenida mediante el don de sí, como vemos en Jesús.

Si los hombres adoptasen de verdad esta coherencia evangélica, se instaurarían ya desde ahora la paz, la alegría y la prosperidad que sabemos están reservadas a los últimos tiempos. Desgraciadamente, muchas veces "las naciones no conocen los pensamientos de Yavé" (Miq 4, 12). Pidamos, pues, a Dios que es "grande en el consejo y poderoso en las obras" (Jer 32, 19), que ilumine eficazmente a cada uno de nosotros y a todos los pueblos y sus responsables.

Y encomendémonos a la intercesión de la Virgen, a la que invocamos recordando el gran misterio de la Encarnación del Verbo en su Seno inmaculado.


Saludos

Con gran satisfacción he sabido que peregrinos de lengua francesa se han unido a nuestra oración común. Me complazco en saludar a todos y, en particular, a un grupo de la diócesis de Besanzón, otro de la diócesis de Amiens, y un grupo de jóvenes de la parroquia de Neuvy, de la diócesis de Moulins. Les doy las gracias de su presencia y con gozo les imparto mi bendición apostólica a ellos y a sus seres queridos que quedaron en casa, sobre todo a los enfermos y minusválidos.

Me gozo en saludar a los visitantes y peregrinos de habla inglesa que están presentes aquí hoy. A vosotros y a vuestras familias que quedaron en casa imparto cordialmente mi bendición especial.

Una bienvenida especial a las Hijas de San Pablo de Boston. Os sostenga Dios en vuestro servicio generoso al Evangelio, en la gran obra de difundir la doctrina cristiana. Os estoy muy agradecido por vuestra generosa colaboración en la publicación y difusión de las enseñanzas papales. Pido que a través de vuestro apostolado "la palabra del Señor sea difundida y El glorificado" (2 Tes 3, 1). ¡Alabado sea Jesucristo!

Dirijo un saludo caluroso también a la peregrinación nacional irlandesa "White Plane" a Roma y a Loreto. Tengo la esperanza de que vuestra visita sea ocasión de renovar vuestra entrega a Cristo y a su Iglesia. Que María, la Madre de Jesús, os acompañe en vuestro viaje.

Saludo cordialmente a todos los peregrinos de lengua alemana aquí presentes; y entre vosotros, en especial a mons, Joachim Meisner, obispo de Berlín, y a un grupo de sacerdotes del Colegio Germano-Húngaro de Roma, que conmemoran los 23 años de ordenación sacerdotal. Os acompañan mis mejores deseos a vosotros y a todos los grupos y a las personas individuales, con el augurio de que estos días provechosos de reposo y meditación espiritual hagan crecer en cada uno la fuerza y la disponibilidad que les haga capaces al volver a su patria de cumplir todos los deberes, grandes y pequeños, de cada día, y el deber de servir a Dios y a los demás. Quiero animaros y estimularos con una bendición apostólica especial..

Hago llegar ahora mi cordial saludo a todas las personas de lengua española presentes en este encuentro, de modo particular a las Religiosas del Amor Misericordioso, que celebran su capítulo extraordinario.

Vuestra presencia, queridos hermanos y hermanas, me es muy grata y os la agradezco vivamente. Estando a punto de iniciar de nuevo vuestras actividades normales tras las vacaciones, dad a vuestro trabajo el valor de servicio a los demás y de ofrecimiento al Señor que debe tener. Os doy con afecto mi bendición, que extiendo a vuestros seres queridos.

Sé que también hay peregrinos y visitantes de lengua portuguesa. A todos, mi saludo cordial y personal. Que vuestra visita a Roma y este encuentro nuestro os sirvan para dar sentido auténtico a vuestra vida con Dios y con los hombres, y para avivar vuestra fe. Confirmo este deseo con la bendición apostólica que extiendo a todos vuestros seres queridos.

Alabado sea Jesucristo.

Doy la bienvenida y saludo muy cordialmente a todos los peregrinos de Polonia y también de los países vecinos, aquí presentes. Saludo a la peregrinación de Sroda Wielkopolska; sroda quiere decir "miércoles". De Olesnica. De Cracovia-Zielonki. También a las de Biala Rawska, de Varsovia y Lodz, de Wroclaw y Cracovia y de otras partes de Polonia.

Al saludaros cordialmente deseo —mirando en especial a mis antiguos diocesanos de Zielonki— referirme a la tradición de la feria del trigo, porque estamos ya después de la cosecha, al menos de la primera. En cierto modo el Señor nos ha compensado del año pasado. Auguro, pues, que no falte el pan en Polonia, ni nada de lo que es indispensable para la vida de los hombres, mis compatriotas. ¡Alabado sea Jesucristo!

Y, en fin, dirijo un saludo muy cordial a otros muchos grupos procedentes de varias partes de Italia. Entre ellos están los sacerdotes de la archidiócesis de Milán que celebran este año el 15 aniversario de ordenación sacerdotal; los monaguillos de la parroquia de San Fior, de la diócesis de Vittorio Véneto, que han venido con sus madres; los peregrinos de las parroquias de "San Pantalón" de Venecia, y los de Ospitaletto de Cormano, de la archidiócesis de Milán, y también los de Malegno, de la diócesis de Brescia.

Os ayude la Virgen Santísima que hemos invocado ahora, a perseverar siempre en el amor, la hermandad y el gozo propios de quien quiere ser de verdad seguidor de Cristo. Y os conforte mi bendición apostólica especial.

 



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