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PABLO VI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 14 de agosto de 1963

 

¡Queridos hijos e hijas!

A todos dirigimos nuestro saludo, a vosotros sacerdotes, a vosotros religiosos y religiosas, a vosotros seglares, a vosotros peregrinos y turistas de toda edad y procedencia.

Nos alegramos de que esta audiencia se celebre hoy, víspera de la festividad de María Santísima Asunta al Cielo, porque nos sugiere que os exhortemos a que celebréis bien esta solemnidad, honrando a la Virgen en la gloria a la que ha querido asociar su divino Hijo Jesús. Por eso nos parece que nos está permitido pedirle a Ella, Madre de Cristo y Madre nuestra, se digne hacer eficaz y abundante de gracias la bendición que os impartiremos a continuación.

Y entre las gracias que deseamos para vosotros y esperáis de este encuentro con el humilde Vicario de Cristo, esté ésta: comprender y practicar bien el culto a María Santísima.

Este culto, como sabéis, es introducción y consecuencia del culto único y supremo que damos a Jesucristo Nuestro Señor; es garantía de nuestra fe en sus misterios y en su misión; es expresión de nuestra pertenencia a la Iglesia que tiene en María su más santa y más bella hija y que encuentra en María, como escribió San Ambrosio, su imagen ideal; nos llena de gozo y de esperanza y nos enseña a imitar a la Virgen en sus virtudes tan sublimes y tan humanas, sobre todo en la virtud de la fe, de la aceptación de la palabra de Dios, que inicia en nuestras almas la vida de Cristo. Ya Veis cómo deseamos para vosotros todo don mejor y cómo Nos mismo confiamos se os conceda por la intercesión de la Virgen.

Por tanto, que sea ella, María Santísima, la que dé hoy valor y plenitud a nuestra bendición apostólica.

 


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