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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
LEÍDO DURANTE EL FUNERAL
DEL CARDENAL CARLO MARIA MARTINI
EN LA CATEDRAL DE MILÁN

 

Queridos hermanos y hermanas:

En este momento deseo manifestar mi cercanía, con la oración y el afecto, a toda la archidiócesis de Milán, a la Compañía de Jesús, a los familiares y a todos los que han estimado y amado al cardenal Carlo Maria Martini y han querido acompañarlo en este último viaje.

«Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119, 105). Estas palabras del salmista pueden resumir toda la existencia de este pastor generoso y fiel de la Iglesia. Fue un hombre de Dios, que no sólo estudió la Sagrada Escritura, sino que además la amó intensamente, la convirtió en luz de su vida, para que todo fuera «ad maiorem Dei gloriam», para la mayor gloria de Dios. Y precisamente por esto fue capaz de enseñar a los creyentes y a quienes buscan la verdad que la única Palabra digna de ser escuchada, acogida y seguida es la Palabra de Dios, porque indica a todos el camino de la verdad y del amor. Lo fue con una gran apertura de espíritu, sin evitar el encuentro y el diálogo con todos, respondiendo concretamente a la invitación del Apóstol a estar «dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza» (1 P 3, 15). Lo fue con un espíritu de caridad pastoral profunda, según su lema episcopal, Pro veritate adversa diligere, atento a todas las situaciones, especialmente a las más difíciles, y cercano, con amor, a quienes estaban extraviados, o vivían en la pobreza y en el sufrimiento.

En una homilía de su largo ministerio al servicio de esa archidiócesis ambrosiana rezaba así: «Te pedimos, Señor, que hagas de nosotros agua de manantial para los demás, pan partido para los hermanos, luz para quienes caminan en tinieblas, vida para quienes andan en sombras de muerte. Señor, sé la vida del mundo. Señor, guíanos tú hacia tu Pascua; juntos caminaremos hacia ti, llevaremos tu cruz, gustaremos la comunión con tu resurrección. Juntamente contigo caminaremos hacia la Jerusalén celestial, hacia el Padre» (Homilía del 29 de marzo de 1980).

El Señor, que guió al cardenal Carlo Maria Martini en toda su existencia, acoja a este incansable servidor del Evangelio y de la Iglesia en la Jerusalén del cielo. A todos los presentes y a quienes están de luto por su muerte, llegue el consuelo de mi bendición.

Castelgandolfo, 3 de septiembre de 2012

 

BENEDICTUS PP XVI

  



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