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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LA COMISIÓN MIXTA INTERNACIONAL PARA EL DIÁLOGO TEOLÓGICO
ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y LAS IGLESIAS ORTODOXAS ORIENTALES

Sala del Consistorio
Viernes 30 de enero de 2015

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Queridos hermanos en Cristo:

Con alegría os doy la bienvenida a vosotros, miembros de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales. A través de vosotros, extiendo mi saludo a mis venerables hermanos, los jefes de las Iglesias ortodoxas orientales. Agradezco en particular a su eminencia Anba Bishoy, copresidente de la Comisión, sus amables palabras.

Es motivo de agradecimiento reflexionar sobre el trabajo de vuestra Comisión, que comenzó en enero de 2003 como una iniciativa conjunta de autoridades eclesiásticas de la familia de las Iglesias ortodoxas orientales y del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos. En los últimos diez años la Comisión, siguiendo una perspectiva histórica, ha examinado los caminos a través de los cuales las Iglesias han expresado su comunión en los primeros siglos, y qué significa esto para nuestra búsqueda de la comunión hoy. Durante el encuentro de esta semana, habéis comenzado también una profundización de vuestro estudio sobre la naturaleza de los sacramentos, en particular, del bautismo. Deseo que el trabajo realizado dé frutos abundantes para la investigación teológica común, y nos ayude a vivir de manera cada vez más profunda nuestra amistad fraterna.

Recuerdo con gran aprecio el compromiso inspirador del diálogo de su santidad Ignacio Zakka Iwas, patriarca de la Iglesia siro-ortodoxa de Antioquía y de todo Oriente, que el año pasado dejó este mundo. Me uno a la oración de todos vosotros, del clero y de los fieles de este celoso servidor de Dios, implorando la eterna alegría para su alma.

En este momento, de manera especial, compartimos la consternación y el dolor por lo que está sucediendo en Oriente Medio, sobre todo en Irak y Siria. Recuerdo a todos los habitantes de esa región, incluidos nuestros hermanos cristianos y muchas minorías que viven las consecuencias de un conflicto extenuante. Junto con vosotros, rezo todos los días para que se encuentre pronto una solución negociada, suplicando la bondad y la piedad de Dios por quienes se ven afectados por esta inmensa tragedia. Todos los cristianos están llamados a trabajar juntos, con aceptación y confianza mutua, para servir a la causa de la paz y la justicia. Que la intercesión y el ejemplo de muchos mártires y santos, que dieron valiente testimonio de Cristo en todas nuestras Iglesias, os sostengan y os fortalezcan a vosotros y a vuestras comunidades cristianas.

Queridos hermanos, os agradezco vuestra visita, y sobre cada uno de vosotros y sobre su ministerio invoco la bendición del Señor y la protección maternal de María santísima. Por favor, rezad por mí.

 



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