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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO
A MOZAMBIQUE, MADAGASCAR Y MAURICIO

(4-10 DE SEPTIEMBRE DE 2019)

CONFERENCIA DE PRENSA DEL SANTO PADRE
DURANTE EL VUELO DE VUELTA


Martes, 10 de septiembre de 2019

[Multimedia]


 

MATTEO BRUNI

¡Buenos días! Buenos días Santo Padre. En estos días hemos podido conocer a los pueblos de estas tierras africanas y del Océano Índico. Son pueblos con tantos jóvenes, con muchos niños, personas llenas de entusiasmo y esperanza, porque son jóvenes. También pudimos ver tantas heridas que usted tocó con su mano y en sus discursos, y con los periodistas hemos visto tantas señales de resurrección, reconciliación y paz. Los periodistas, sus compañeros de viaje, han seguido intensamente los acontecimientos de estos días y han llevado al mundo las historias, los rostros y también los temas que han conocido, contribuyendo a poner a Mozambique, África, Madagascar y Mauricio en el centro del interés internacional. Agradezco a los periodistas el trabajo que han realizado con pasión y trabajo duro, y les daría la palabra para que le dirijan las preguntas que deseen, en primer lugar a los periodistas que vienen de los países donde hemos estado.

PAPA FRANCISCO

Ante de nada, deseo agradecer la compañía, gracias.

MATTEO BRUNI

El primer periodista que pregunta es Julio Mateus Manjate, de Noticias, de Mozambique.

JULIO MATEUS MANJATE (Noticias, Mozambique).

Gracias, Santo Padre. En primer lugar, agradezco esta oportunidad de hablar en nombre de los compañeros de la prensa de Mozambique, que acompañan al Santo Padre. Durante su visita a Mozambique, se reunió con el Presidente de la República y los Presidentes de los dos partidos presentes en el Parlamento. Me gustaría saber qué espera del proceso de paz después de estas conversaciones y qué mensaje le gustaría dejar a Mozambique. Y dos breves comentarios, uno sobre el tema de la xenofobia, que está aconteciendo en África, y también sobre el tema de la juventud, el impacto de las redes sociales en la educación de los jóvenes.

PAPA FRANCISCO

El primer punto, sobre el proceso de paz. Hoy, Mozambique se identifica con un largo proceso de paz que ha tenido sus altibajos, pero que al final ha llegado a ese abrazo histórico. Espero que esto continúe y rezo por ello. Pido a todos que hagan un esfuerzo para garantizar que este proceso de paz continúe. Porque todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz, dijo un Papa antes que yo. Este lema es claro, no debe olvidarse. Es un largo proceso de paz porque tuvo una primera fase, después decayó, luego otra fase... Y el esfuerzo de los líderes de los partidos opositores, por no decir de los enemigos, por ir a encontrarse también fue un esfuerzo peligroso, algunos arriesgaban sus vidas... Pero al final hemos llegado. Quiero dar las gracias a todas las personas que han ayudado en este proceso de paz. Desde sus comienzos, en un café en Roma, donde hubo personas que conversaron —había un sacerdote de la Comunidad de San Egidio, que será nombrado cardenal el próximo 5 de octubre—. Todo comenzó allí. Y luego, con la ayuda de muchas personas, entre ellas la Comunidad de San Egidio, han llegado a este resultado. No debemos ser triunfalistas en estas cosas. El triunfo es la paz. No tenemos derecho a ser triunfalistas, porque la paz sigue siendo frágil en tu país, como lo es en el mundo, y debe ser tratada como se trata a los recién nacidos, como a los bebés, con mucha, mucha ternura, con mucha delicadeza, con mucho perdón, con mucha paciencia, para hacerla crecer y que se fortalezca. Pero es el triunfo del país: la paz es la victoria del país, debemos reconocerlo.

Y esto se aplica a todos los países, a todos los países que son destruidos por la guerra. Las guerras destruyen, te hacen perder todo. Voy a detenerme un poco en este tema de la paz porque me llega al corazón. Cuando se celebró, hace unos meses, el desembarco en Normandía, sí, es cierto, hubo jefes de gobierno para recordar cuál fue el comienzo del fin de una guerra cruel, y también de una dictadura inhumana y cruel como el nazismo y el fascismo. Pero en esa playa perecieron 46.000 soldados. ¡El precio de la guerra! Confieso que cuando fui a Redipuglia para el centenario de la Primera Guerra Mundial a ver ese memorial, lloré. ¡Por favor, no más guerra! Cuando fui a Anzio a celebrar el día de los difuntos, en mi corazón me sentí así. Pero tenemos que trabajar para crear esta conciencia, que las guerras no resuelven nada, al contrario, hacen enriquecerse a la gente que no quiere el bien de la humanidad. Discúlpenme por este apéndice, pero tenía que decirlo, frente a un proceso de paz por el cual rezo, y haré todo lo que pueda para que siga adelante y espero que se fortalezca.

El problema de la juventud. África es un continente joven, tiene una vida joven. Si lo comparamos con Europa, repetiré lo que dije en Estrasburgo: la madre Europa casi se ha convertido en la “abuela Europa”, ha envejecido, estamos viviendo un invierno demográfico muy grave en Europa. Leí que —no sé en qué país, pero es una estadística oficial del gobierno de ese país— en el año 2050, en ese país habrá más pensionistas que personas que trabajan. Esto es trágico. ¿Cuál es el origen de este envejecimiento de Europa? Creo —es una opinión personal— que el bienestar está en la raíz. Aferrarse al bienestar: “Sí, pero estamos bien, no tengo hijos porque tengo que comprar la casa, hacer turismo, esto y lo otro. Estoy bien así, un niño es un riesgo, nunca se sabe”. Bienestar y tranquilidad, pero un bienestar que te lleva a envejecer. En cambio, África está llena de vida. He hallado en África un gesto que encontré en Filipinas y en Cartagena, en Colombia. La gente iba con niños en alto, te los mostraban: “Este es mi tesoro, esta es mi victoria”. Es el orgullo; es el tesoro de los pobres, el hijo. Pero es el tesoro de una patria, de un país. Vi el mismo gesto en Europa del Este, en Iași, especialmente en aquella abuela que mostraba al niño: “Este es mi triunfo”. Tenéis el reto de educar a estos jóvenes y de hacer leyes para ellos. La educación en este momento es una prioridad en vuestro país. Es prioritario hacerlo crecer con leyes sobre educación. El Primer Ministro de Mauricio me habló de ello y me dijo que tenía en mente el reto de extender el sistema de educación gratuita para todos. La gratuidad del sistema educativo: es importante, porque hay centros de educación de alto nivel, pero de pago. Hay centros educativos en todos los países, pero hay que multiplicarlos para que la educación llegue a todos. Las leyes de educación. La salud y la educación son elementos clave en estos países en este momento.

El tercer punto, la xenofobia. He leído en los periódicos sobre este problema de xenofobia, pero no es sólo un problema de África. Es un problema, es una enfermedad humana, como el sarampión. Es una enfermedad que viene, entra en un país, entra en un continente. Y construimos muros; y los muros aíslan a los que los construyen. Sí, dejan fuera a mucha gente, pero los que permanecen dentro de las murallas se quedarán solos y, al final de la historia, serán derrotados por poderosas invasiones. La xenofobia es una enfermedad, una enfermedad que se justifica a sí misma: la pureza de la raza, por ejemplo, por mencionar una xenofobia del siglo pasado. Y la xenofobia a veces se apoya en los llamados populismos políticos. Dije la semana pasada, o la anterior, que a veces oigo discursos que se parecen a los de Hitler en 1934. Se puede ver que se repite en Europa, pero en África también hay otro problema cultural por resolver. Recuerdo haber hablado de ello en Kenia: el tribalismo. Allí es necesario un trabajo de educación, de acercamiento entre las diferentes tribus para hacer una nación. Hace poco tiempo conmemoramos el 25º aniversario de la tragedia de Ruanda: una consecuencia del tribalismo. Recuerdo en Kenia, en el estadio, cuando pedí a todos que se pusieran de pie y se dieran la mano y dijeran “¡No al tribalismo, no al tribalismo!”. Tenemos que decir que no. Esto es también un muro, y también una xenofobia, una xenofobia interna, pero también es xenofobia. Debemos luchar contra esto: tanto la xenofobia de un país con otro, como la xenofobia interna que, en el caso de algunos lugares de África, junto con el tribalismo, nos lleva a tragedias como la de Ruanda, por ejemplo.

MATTEO BRUNI

La segunda pregunta la hace la Dra. Ratovoarivelo, de Madagascar

MARIE FRÉDELINE RATOVOARIVELO (Radio Don Bosco, Madagascar)

Santidad, usted habló del futuro de los jóvenes, durante su Visita apostólica. Considero que la fundación de una familia es muy importante para el futuro. Actualmente en Madagascar muchos jóvenes viven en situaciones familiares muy complejas a causa de la pobreza ¿Cómo puede la Iglesia acompañar a los jóvenes, que piensan que sus enseñanzas están anticuadas en relación con la crisis familiar y la revolución sexual de hoy día? Gracias, Santo Padre.

PAPA FRANCISCO

La familia es sin duda un elemento clave en este sentido, en la educación de los hijos. Es conmovedor la forma en que los jóvenes se expresan, en Madagascar la hemos visto, y también en Mauricio, y en Mozambique en el encuentro interreligioso de jóvenes por la paz. Dar valores a los jóvenes, hacerlos crecer. En Madagascar, el problema de la familia está ligado al problema de la pobreza, a la falta de trabajo y a veces también a la explotación del trabajo por parte de muchas empresas. Por ejemplo, en la cantera de granito [en Antananarivo], los que trabajan ganan un dólar y medio al día. Y las leyes laborales, las leyes que protegen a la familia, esto es fundamental. Y también los valores familiares, los hay, los hay, pero a veces son destruidos por la pobreza, no los valores, sino la capacidad de transmitirlos y de continuar la educación de los jóvenes, de hacerlos crecer. En Madagascar vimos la obra de Akamasoa: trabajar con niños, para que los niños puedan vivir en una familia, que no es la natural, es cierto, pero es la única posibilidad.

Ayer en Mauricio, después de la misa, encontré a Monseñor Rueda con un policía alto y grande, que tenía una niña en brazos, de unos dos años. Se perdió y lloraba porque no podía encontrar a sus padres. La policía anunció que vendrían, y mientras tanto la acariciaron. Y allí vi el drama de muchos niños y jóvenes que pierden sus lazos familiares, aunque vivan en la familia, pero en un momento los pierden. En este caso sólo por un accidente. Y también el papel del Estado para apoyarlos y hacerlos crecer. El Estado debe cuidar de la familia, de los jóvenes: es un deber del Estado, el deber de hacerlos crecer. Entonces, repito, para una familia tener un hijo es un tesoro. Y tenéis esta conciencia, tenéis la conciencia del tesoro. Pero ahora es necesario que toda la sociedad tenga conciencia de hacer crecer este tesoro, de hacer crecer el país, de hacer crecer la patria, de hacer crecer los valores que darán soberanía a la patria. No sé si contesté más o menos. Una cosa que me llamó la atención de los niños de los tres países fue que saludaban. También había niños pequeños que saludaban: participaban en la alegría. En cuanto a la alegría, me gustaría hablar más tarde. Gracias.

MATTEO BRUNI

Santo Padre: La tercera pregunta la realiza el Sr. Mootoosamy, de Mauricio.

JEAN-LUC MOOTOOSAMY (Radio One, Mauricio)

El Primer Ministro de Mauricio le agradeció su preocupación por el sufrimiento de nuestros compatriotas que fueron obligados por el Reino Unido a abandonar su propio archipiélago después de una separación ilícita de esta parte de nuestro territorio antes de la independencia. Hoy en la isla Diego García hay una base militar americana. Santo Padre, los chagosianos que están en exilio forzoso durante 50 años quieren regresar a su patria, y las respectivas administraciones de los Estados Unidos y del Reino Unido no permiten que esto ocurra, a pesar de que el pasado mes de mayo hubo una resolución de las Naciones Unidas al respecto. ¿Cómo puede usted apoyar la voluntad de los chagosianos y ayudar a la gente de Chagos a regresar a casa?

PAPA FRANCISCO

Quisiera reiterar la Doctrina de la Iglesia al respecto. Las organizaciones internacionales, cuando las reconocemos y les damos la capacidad de juzgar a nivel internacional —pensemos en el Tribunal Internacional de La Haya o en las Naciones Unidas—, cuando se pronuncian, si somos una única humanidad, debemos obedecer. Es cierto que las cosas que parecen justas para toda la humanidad no siempre serán justas para nuestros bolsillos, pero debemos obedecer a las instituciones internacionales. Por eso se crearon las Naciones Unidas, se crearon los tribunales internacionales, porque cuando hay algún conflicto interno o entre países vamos allí para resolverlo como hermanos, como países civilizados.

Después hay otro fenómeno que, no sé, lo digo claramente, no sé si tiene relación con este caso. Ahora dejaré el caso particular a un lado. He dicho que me parece correcto hacer referencia a las organizaciones internacionales. Pero hay un fenómeno. Cuando se produce la liberación de un pueblo y el Estado dominante ve que debe marcharse —en África ha habido muchas liberaciones de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Italia...—, algunas han madurado bien, pero en todo ello siempre existe la tentación de marcharse “con algo en el bolsillo”. Sí, concedo la liberación a este pueblo, pero me llevo algunas “migajas” conmigo. Por ejemplo, doy la liberación al país, pero “del suelo hacia arriba”: el subsuelo sigue siendo mío. Es un ejemplo, no sé si cierto, pero por poner un ejemplo. Siempre existe esta tentación. Creo que las organizaciones internacionales también deben implementar un proceso de acompañamiento, reconociendo a las potencias dominantes lo que han hecho por ese país y reconociendo la buena voluntad de marcharse y ayudándoles a marcharse totalmente, con libertad, con hermandad. Es una lenta labor cultural de la humanidad y en esto las instituciones internacionales nos ayudan mucho, siempre, y debemos seguir adelante fortaleciendo las instituciones internacionales: que las Naciones Unidas recuperen ese espíritu...; la Unión Europea, que sea más fuerte, no en el sentido de la dominación, sino en el sentido de la justicia, la fraternidad, la unidad para todos. Creo que esta es una de las cuestiones importantes.

Pero hay algo más que me gustaría decir aprovechando su intervención. Hoy en día no hay colonizaciones geográficas —al menos no tantas— pero hay colonizaciones ideológicas, que quieren entrar en la cultura de los pueblos y cambiar esa cultura y homogeneizar a la humanidad. Es la imagen de la globalización como esfera: todos iguales, cada punto equidistante del centro. En cambio, la verdadera globalización no es una esfera, es un poliedro en el que cada pueblo, cada nación preserva su propia identidad, pero se une a toda la humanidad. En su lugar, la colonización ideológica trata de borrar la identidad de los demás para hacerlos iguales; y presentan propuestas ideológicas que van en contra de la naturaleza de ese pueblo, en contra de la historia de ese pueblo, en contra de los valores de ese pueblo. Debemos respetar la identidad de las personas. Esta es una premisa que siempre hay que defender. La identidad de los pueblos debe ser respetada, y así eliminamos toda colonización. Gracias.

Sí, antes de dar la palabra a EFE —que es la privilegiada de este viaje: ¡es “anciana”, tiene 80 años!— Me gustaría decir algo más sobre el viaje, algo que me llamó mucho la atención. En su país [Mauricio] me impresionó tanto la capacidad de unidad interreligiosa, el diálogo interreligioso. La diferencia entre las religiones no se borra, sino que se subraya que todos somos hermanos, que todos tenemos que hablar. Y esto es una señal de la madurez de su país. Al hablar ayer con el Primer Ministro, me sorprendió la forma en que han desarrollado esta realidad y la viven como una necesidad de coexistencia. También hay una comisión intercultural que se reúne. Lo primero que encontré ayer cuando entré al obispado —una anécdota— fue un hermoso ramo de flores. ¿Quién lo envió? El Gran Imán. Sí, hermanos: la fraternidad humana está en la base y respeta todas las creencias. El respeto religioso es importante, por eso les digo a los misioneros: “No hagan proselitismo”. El proselitismo se aplica a la política, al mundo del deporte —mi equipo, el tuyo—esto es válido para esos ámbitos, pero no para la fe. “Pero, ¿qué significa para ti, Papa, evangelizar?” Hay una frase de san Francisco que me ha iluminado mucho. Francisco de Asís dijo a sus frailes: “Llevad el Evangelio, si es necesario con palabras”. Es decir, evangelizar es lo que leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles: el testimonio. Y ese testimonio provocó la pregunta: “Pero, ¿por qué vives así, por qué haces esto?” Y luego les explicaba: “Por el Evangelio”. El anuncio viene después del testimonio. Primero vives como cristiano y, si te preguntan, haces el anuncio. El testimonio es el primer paso, y el protagonista de la evangelización no es el misionero, sino el Espíritu Santo, que lleva a los cristianos y a los misioneros a dar testimonio. Entonces vendrán las preguntas o no vendrán, pero el testimonio de vida, este es el primer paso. Es importante evitar el proselitismo. Cuando ves propuestas religiosas que van por el camino del proselitismo, no son cristianas. Buscan prosélitos, no adoradores de Dios en realidad, a partir del testimonio. Aprovecho esta oportunidad para decir esto debido a su experiencia interreligiosa que es tan hermosa. Y el Primer Ministro también me dijo que cuando uno pide ayuda, se le da lo mismo a todos y nadie se ofende, porque se sienten como hermanos. Y esto hace la unidad del país. Es muy, muy importante.

En las reuniones no sólo había católicos, había cristianos de otras confesiones y había musulmanes, hindúes, pero todos eran hermanos. Lo vi también bastante en Madagascar y también [en Mozambique] en el encuentro interreligioso de jóvenes por la paz, donde jóvenes de diferentes religiones quisieron expresar cómo viven el deseo de paz. Paz, fraternidad, convivencia interreligiosa, no proselitismo. Estas son cosas que debemos aprender a vivir juntos. Esto es algo que tenía que decir.

Luego, otra cosa que me llamó la atención —y me refiero a esta reunión en tu país y luego en los tres países, pero me quedo con uno, Madagascar, porque de ahí partimos—: el pueblo. En las calles estaba el pueblo, el pueblo convocado por sí mismo. En la misa en el estadio bajo la lluvia estaba el pueblo, y bailaban bajo la lluvia, estaban felices, felices, entonces me quedaré con esto. Y también en la vigilia nocturna [de los jóvenes de Madagascar] y en la misa —que dicen que ha superado el millón de asistentes, no sé, las estadísticas oficiales lo dicen, yo rebajo un poco, digamos 800.000—, pero la cifra no interesa, interesa la gente, el pueblo que ha caminado desde la tarde anterior, han estado en la vigilia, han dormido allí. Pensé en Río de Janeiro en 2013, cuando dormían en la playa. Era la gente la que quería estar con el Papa. Me sentí humilde y muy pequeño ante esta grandeza de la “soberanía” popular. ¿Y cuál es la evidencia de que un grupo de personas es pueblo? La alegría. Había gente pobre, gente que no había comido esa tarde para estar allí, pero estaban alegres. En cambio, cuando la gente o los grupos se alejan de ese sentido popular de alegría, pierden su alegría. Es uno de los primeros signos, la tristeza de la gente solitaria, la tristeza de aquellos que han olvidado sus raíces culturales. Ser consciente de ser un pueblo es ser consciente de tener una identidad, de tener una forma de entender la realidad, y eso une a las personas. Pero la señal de que estás en el pueblo y no en una élite, es la alegría, la alegría común. Quería subrayar esto. Y es por eso que los niños saludaban de esta manera, porque los padres contagiaban la alegría.

Gracias. Eso es lo que quería decir sobre el viaje, y si luego se me ocurre algo más, lo diré. ¡Ahora, la “privilegiada”!

CRISTINA CABREJAS GILES [de la agencia española EFE, que celebra ochenta años de su fundación]

Gracias, Santo Padre, por la oportunidad. Tengo dos preguntas. Una privilegiada y una sobre el tema del viaje. Si quiere le hago la privilegiada, vamos a la cuestión, pido perdón a los colegas, quisiera pedir si me puede responder en español, después traduzco yo, no hay problema. En primer lugar, damos por sentado que uno de sus planes para el futuro es venir a España, a ver si es posible, ¡esperemos! Y la pregunta que quiero hacerle: para estos ochenta años de EFE hemos preguntado a varias personalidades, líderes mundiales, sobre la información y el periodismo, y quiero preguntarle: ¿cómo cree usted que será la información del futuro?

PAPA FRANCISCO

¡Necesitaría una bola de cristal para responderle! Iré a España, si vivo, pero la prioridad de los viajes en Europa es para los países pequeños, luego para los más grandes.

No sé cómo será la comunicación del futuro. Pienso en cómo la comunicación era, por ejemplo, cuando yo era niño, todavía sin televisión, con la radio, con el periódico, incluso con el periódico clandestino que era perseguido por el gobierno de turno, vendido por la noche con voluntarios; y también la comunicación oral. Si lo comparamos con esto, era una información precaria, y la información de hoy quizás sea precaria en comparación con la del futuro. Pero lo que es una constante de la comunicación es la capacidad de transmitir un hecho, y de distinguirlo de un relato. Una de las cosas que daña la comunicación, del pasado, del presente y del futuro, es lo que se relata. Hay un estudio muy bueno, publicado hace tres años, por Simone Paganini, estudioso de la Universidad de Aquisgrán (Alemania) y que habla del movimiento de la comunicación entre el escritor, el escrito y el lector. La comunicación siempre corre el riesgo de pasar del hecho al relato y esto arruina la comunicación. Es importante que el hecho se mantenga y que siempre nos acerquemos al hecho. Incluso lo veo en la Curia: hay un hecho y luego cada uno lo decora con lo suyo, sin mala intención, esa es la dinámica. Así que la ascesis del comunicador debe ser siempre volver al hecho, reportar el hecho, y luego decir: “esta es mi interpretación, me han dicho esto”, distinguiendo el hecho del relato. Hace algún tiempo me contaron la historia de Caperucita Roja, pero desde el relato, ¡y terminaba con Caperucita Roja y la abuela que metían al lobo en la olla y se lo comían! El relato cambió las cosas. Cualquiera que sea el medio de comunicación, la garantía es la fidelidad. ¿Se puede usar “se dice que”? Sí, se puede utilizar en la comunicación, pero siempre en busca de la objetividad de “se dice que”. Es uno de los valores que hay que perseguir en la comunicación.

En segundo lugar, la comunicación debe ser humana, y por humana quiero decir constructiva, es decir, debe hacer crecer al otro. La comunicación no puede ser utilizada como un instrumento de guerra, porque es antihumana, destruye. Hace poco le pasé al Padre Rueda un artículo que encontré en una revista, titulado: “Las gotas de arsénico de la lengua”. La comunicación debe estar al servicio de la construcción, no de la destrucción. ¿Y cuándo está la comunicación al servicio de la destrucción? Cuando defiende proyectos no humanos. Piensen en la propaganda de las dictaduras del siglo pasado, fueron dictaduras que supieron comunicarse bien, pero que fomentaron la guerra, las divisiones y la destrucción. No sé qué decir técnicamente porque no soy bueno en eso. Quería hacer hincapié en los valores a los que la comunicación, por cualquier medio, debe ser siempre coherente.

CRISTINA CABREJAS GILES (segunda pregunta)

Volvamos al viaje. Uno de los temas de este viaje fue la protección del medio ambiente. Habló de ello en todos sus discursos, Habló de la protección de los árboles, de los incendios, de la deforestación… Ahora mismo está sucediendo en la Amazonía. ¿Cree usted que los gobiernos de estas zonas están haciendo todo lo posible para proteger este pulmón del mundo?

PAPA FRANCISCO

Vuelvo con África. Eso lo he comentado en otro viaje. Hay un lema en el inconsciente colectivo: hay que explotar a África. Es algo inconsciente. Nunca pensamos: Europa debe ser explotada, no. África debe ser explotada. Y debemos liberar a la humanidad de este inconsciente colectivo. El punto más fuerte de la explotación, no sólo en África sino en el mundo, es el medio ambiente, la deforestación, la destrucción de la biodiversidad. Hace un par de meses recibí a los capellanes de la marina y entre el público había siete jóvenes pescadores que estaban pescando con un barco que no era más largo que este avión. Estaban pescando con medios mecánicos como los que usamos ahora, un poco aventureros. Me dijeron esto: desde hace unos meses hasta hoy hemos recogido seis toneladas de plástico —en el Vaticano hemos prohibido el plástico, estamos haciendo este trabajo—. ¡Seis toneladas de plástico! Esta es una realidad, sólo de los mares. La intención del Papa para la oración de este mes es precisamente la protección de los océanos, que también nos dan el oxígeno que respiramos. Luego están los grandes “pulmones” de la humanidad, uno en África central, el otro en Brasil, toda la zona panamazónica; y luego hay otro, no recuerdo dónde. También hay pulmones pequeños del mismo tipo. Defender la ecología, la biodiversidad, que es nuestra vida, defender el oxígeno. Me da esperanza que la mayor lucha por la biodiversidad, por la defensa del medio ambiente, sea llevada a cabo por los jóvenes. Tienen una gran conciencia, porque dicen: el futuro es nuestro; ustedes, con el suyo, hagan lo que quieran, pero no con el nuestro. Están empezando a pensar un poco así. Creo que el hecho de haber alcanzado el Acuerdo de París fue un buen paso adelante. Luego el último en Marrakech. Son encuentros que nos ayudan a tomar conciencia. Pero el año pasado, en verano, cuando vi esa foto del barco que navegaba en el Polo Norte como si nada hubiera pasado, sentí angustia. Y hace poco tiempo, hace unos meses, todos vimos la fotografía del acto funerario que hicieron, creo que en Groenlandia, en ese glaciar que ya no existía, hicieron un acto funerario simbólico para llamar la atención. Esto está sucediendo rápidamente, debemos tomar conciencia, empezando por las pequeñas cosas. Pero su pregunta era: ¿hacen los gobernantes todo lo posible? Algunos más, otros menos. Y aquí una palabra que tengo que decir, que es la base de la explotación ambiental. Me quedé conmovido con el artículo del “Messaggero” del 4 de septiembre, el día de nuestra partida, donde Franca Giansoldati no escatimó en palabras, habló de maniobras destructivas, de rapacidad. Pero esto no sólo en África, sino también en nuestras ciudades, en nuestras civilizaciones. La palabra fea, fea es “corrupción”. Tengo que llevar a cabo este negocio, pero para ello tengo que deforestar, y necesito el permiso del gobierno, del gobierno provincial, del gobierno nacional, no lo sé, y me dirijo al responsable y la pregunta —repito literalmente lo que me dijo un empresario español— la pregunta que oímos cuando queremos que aprueben un proyecto es: “¿Cuánto para mí?”, descaradamente. Esto ocurre en África, en América Latina y también en Europa. En todas partes, cuando se toma la responsabilidad sociopolítica como un beneficio personal, se explotan los valores, se explota la naturaleza, se explota a las personas. Pensamos: “África debe ser explotada”. Pero pensemos en tantos trabajadores que son explotados en nuestras sociedades: la explotación de los trabajadores no la han inventado los africanos, la tenemos en Europa. Que a la asistenta le paguen un tercio de lo que se le debe no lo han inventado los africanos; que se engañe a las mujeres y las exploten para hacer prostitución en nuestras ciudades no lo han inventado los africanos. También nosotros tenemos esta explotación, no sólo ambiental, sino también humana. Y esto se debe a la corrupción. Cuando la corrupción entra en el corazón, preparémonos, porque sucede de todo.

MATTEO BRUNI

La próxima pregunta es de Jason Horowitz, del New York Times.

JASON DREW HOROWITZ (The New York Times, Estados Unidos)

Buenos días, Santo Padre. En el vuelo a Maputo usted reconoció ataques de un sector de la Iglesia americana. Hay fuertes críticas por parte de algunos obispos y cardenales, hay canales católicos y sitios de internet americanos muy críticos, y algunos de sus aliados más cercanos han hablado incluso de un complot contra usted en la curia italiana. ¿Hay algo que estos críticos no entiendan de su pontificado? ¿Hay algo que haya aprendido de las críticas en los Estados Unidos? Otra cosa, ¿le teme a un cisma en la Iglesia Americana? Y si es así, ¿hay algo que usted pueda hacer —un diálogo— para ayudar, para evitarlo?

PAPA FRANCISCO

En primer lugar, la crítica siempre ayuda, siempre. Cuando se recibe una crítica, hay que hacer inmediatamente una autocrítica y decir: ¿es verdad o no? ¿Hasta qué punto? Siempre aprovecho las críticas, siempre. A veces te hacen enojar, pero las ventajas están ahí. En el camino a Maputo llegó... —¿Fuiste tú quien me dio el libro?— Algunos de ustedes me dieron ese libro en francés: “La Iglesia americana ataca al Papa”, no, “El Papa bajo el ataque de los americanos” [alguien dice: “Cómo los americanos quieren cambiar al Papa”]. Ese es el libro. Me diste una copia. Sabía lo de ese libro, pero no lo había leído. Las críticas no son sólo de los americanos, sino de todas partes, incluso de la Curia. Al menos los que te lo dicen tienen la ventaja de la honestidad para decírtelo. Me gusta eso. No me gusta cuando las críticas están debajo de la mesa y te sonríen, te muestran los dientes y luego te apuñalan por la espalda. Eso no es justo, no es humano. La crítica es un componente fundamental, y si su crítica no es justa, estás listo para recibir la respuesta y tener un diálogo, una discusión, y llegar al punto justo. Esta es la dinámica de la verdadera crítica. En cambio, la crítica de las "píldoras de arsénico" de las que hablábamos, de aquel artículo que le di al Padre Rueda, es un poco tirar la piedra y esconder la mano. Esto no ayuda, no ayuda. Ayuda a los pequeños grupitos cerrados, que no quieren escuchar la respuesta a las críticas. Una crítica que no quiere oír una respuesta es tirar la piedra y esconder la mano. En cambio, una crítica leal: “Pienso esto, esto, esto y esto”, y está abierta a la respuesta, esta construye, ayuda. En cuanto al Papa: “No me gusta esto del Papa”, hago la crítica, espero la respuesta, me dirijo a él, hablo, hago un artículo y le pido que responda, esto es leal, esto es amar a la Iglesia. Hacer una crítica sin querer escuchar la respuesta y sin dialogar no es amar a la Iglesia, es ir detrás de una idea fija: cambiar al Papa, o hacer un cisma, no sé. Esto está claro: la crítica leal siempre es bien aceptada, al menos por mí.

Segundo, el problema del cisma: en la Iglesia ha habido muchos cismas. Después del Vaticano I, en la última votación, la de la infalibilidad, un buen grupo abandonó la Iglesia y fundó los antiguos católicos para ser realmente “honestos” con la tradición de la Iglesia. Entonces ellos mismos tomaron un desarrollo diferente y ahora hacen las ordenaciones de mujeres; pero en ese momento eran rígidos, fueron tras una cierta ortodoxia y pensaron que el Concilio estaba equivocado. Otro grupo se fue sin votar, se calló, pero no quiso votar. El Vaticano II hizo estas cosas, quizás el distanciamiento más conocido es el de Lefebvre. La opción cismática siempre existe en la Iglesia, siempre. Es una de las opciones que el Señor deja siempre a la libertad humana. No le temo a los cismas, rezo para que no haya ninguno, porque está en juego la salud espiritual de mucha gente. Que haya diálogo, que haya corrección si hay algún error, pero el camino del cisma no es cristiano. Pensemos en el comienzo de la Iglesia, como empezó con tantos cismas, uno tras otro, basta con leer la historia de la Iglesia: arrianos, gnósticos, monofisitas...

Ahora voy a contar una anécdota que he contado varias veces. Fue el pueblo de Dios quien salvaba de los cismas. Los cismáticos tienen siempre una cosa en común: se separan del pueblo, de la fe del pueblo de Dios. Y cuando en el Concilio de Éfeso hubo una discusión sobre la maternidad divina de María, el pueblo —esto es histórico— esperaba en la entrada de la catedral cuando los obispos entraron para hacer el concilio, estaban allí con palos, mostraron los palos y gritaron: “¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios!”, como diciendo: si no hacéis esto, os espera... El pueblo de Dios siempre arregla las cosas y ayuda. Un cisma es siempre un desapego elitista provocado por una ideología desprendida de la doctrina. Es una ideología, quizás justa, pero que entra en la doctrina y la separa y se convierte en “doctrina” durante cierto tiempo. Por eso rezo para que no haya cismas, pero no tengo miedo.

[El periodista retoma la pregunta]

¿Qué podemos hacer para ayudar? Lo que estoy diciendo ahora: no tener miedo; yo respondo a las críticas, hago todo esto. Tal vez si alguien piensa en algo que tengo que hacer, lo haré, para ayudar... Pero este es uno de los resultados del Vaticano II, no de este Papa o del otro Papa. Por ejemplo, las cosas sociales que digo, son las mismas que dijo Juan Pablo II, las mismas. Lo copio. Pero dicen: “El Papa es demasiado comunista”. Las ideologías entran en la doctrina, y cuando la doctrina patina en las ideologías, existe la posibilidad de un cisma. Y también está la ideología conductista, que es la primacía de la moralidad aséptica sobre la moralidad del pueblo de Dios. Los pastores deben guiar al rebaño entre la gracia y el pecado, porque ésta es la moralidad evangélica. En cambio, una moral de ideología pelagiana, por así decirlo, lleva a la rigidez, y hoy tenemos muchas escuelas de rigidez dentro de la Iglesia, que no son cismas sino caminos cristianos pseudo-cismáticos, que terminarán mal. Cuando vemos cristianos, obispos, sacerdotes rígidos, detrás de esa actitud yacen problemas, no hay santidad del Evangelio. Por eso tenemos que ser mansos con las personas que están tentadas a hacer estos ataques, están pasando por un problema, tenemos que acompañarlos con mansedumbre. Gracias.

MATTEO BRUNI

La última pregunta es de Aura Miguel, de Radio Renascença.

PAPA FRANCISCO:

¿Cómo he hablado el portugués?

AURA VISTAS MIGUEL (Radio Renascença, Portugal)

Muy bien, todo el mundo lo entendió, se entendió muy bien. Voy a volver a Mozambique sólo para preguntar una cosa. Sabemos que no le gusta visitar países durante la campaña electoral, y sin embargo lo hizo en Mozambique, un mes antes de las elecciones, siendo justamente el presidente quien lo invitó, uno de los candidatos. ¿Por qué?

PAPA FRANCISCO

Sí. No ha sido un error. Fue una elección libre, porque la campaña electoral comenzaba estos días y quedaba en segundo lugar tras el proceso de paz. Lo importante era hacer una visita para ayudar a consolidar el proceso de paz. Y esto era más importante que una campaña que aún no había comenzado, que comenzó en los días siguientes al final de mi visita. Y ahí, en el límite, buscando el equilibrio entre los dos, [evaluamos]: sí, es importante consolidar. Y luego pude saludar a los adversarios políticos, transmitirles la idea y subrayar que eso era lo importante, y no “animar” a este Presidente que no conozco, que no sé cómo piensa, ni siquiera cómo piensan los demás. Para mí era más importante subrayar la unidad del país. Pero lo que usted dice es cierto: tenemos que mantenernos alejados de las campañas electorales, eso es cierto. Gracias.

Muchas gracias por vuestro trabajo. Os estoy agradecido por todo lo que hacéis. Y rezad por mí; yo lo hago por vosotros. ¡Que aproveche el almuerzo!



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