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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS PROFESORES Y ALUMNOS DEL COLEGIO DE DEFENSA DE LA OTAN*

Sábado 27 de enero de 1968

 

Estimados Señores:

En el momento en que vuestra estancia llega a su fin, habéis deseado hacernos una visita y presentarnos el homenaje de vuestros respetuosos y filiales sentimientos, como lo hicieron las promociones precedentes de vuestro Colegio que Nos tuvimos el placer de recibir en Audiencia. Nos apreciamos mucho vuestro gesto, y al daros la bienvenida en Nuestra morada, lo agradecemos de todo corazón.

Vosotros, Señores, estáis por regresar a vuestros países de origen. Ocuparéis en seguida, en los diferentes organismos y estados mayores de la Alianza Atlántica, puestos de responsabilidad y de dirección. Nuestro anhelo es que de vuestra estancia en Roma llevéis el deseo fortalecido de obrar en favor de la paz, el deseo de ser, allí donde seáis llamados a ejercer vuestras altas funciones, artesanos de la paz:

Vuestra visita tiene lugar apenas poco tiempo después de una serie de iniciativas que Nuestro cargo apostólico y pastoral Nos obligó a emprender para salvaguardar y afirmar la paz, tan peligrosamente amenazada en varios puntos del globo. Nos place pensar que vosotros adherís plenamente a lo que Nos tuvimos la ocasión de decir en Nuestro Mensaje del 8 de diciembre pasado para la institución de un «día mundial de la paz». Permitidnos que citemos un pasaje de dicho Mensaje, aquel en el que decíamos que la paz descansa sobre ciertos fundamentos, tales como la sinceridad, la justicia y el amor en las relaciones entre los estados y, en el seno de cada nación, entre los ciudadanos y sus gobernantes. Sin esta necesaria e indispensable libertad de los individuos y de los pueblos, agregamos, en todas sus expresiones cívicas, morales y religiosas, no sería posible una verdadera paz.

Desgraciadamente, es necesario reconocer que estamos aún lejos de esta paz de la que Nuestro inolvidable Predecesor Juan XXIII, en su memorable Encíclica «Pacem in Terris», decía que tiene como fundamento la justicia, el amor como fuerza motriz, la libertad como clima y la verdad como fin. Estamos lejos aún de este «espíritu nuevo», de esta «nueva mentalidad» concerniente al hombre, a sus deberes y a sus destinos, que debe animar la vida en común de las personas y de los pueblos. Pero nos place pensar que, por lo que se refiere a vosotros, deseáis formar parte de las filas de los valientes partidarios de esta nueva pedagogía, que tiende a inculcar en las nuevas generaciones el respeto de las naciones, la fraternidad de los pueblos y la colaboración de los Estados en una escala cada vez mayor, al servicio y en provecho de ese desarrollo integral del hombre y de la humanidad, al que Nos consagramos recientemente un solemne documento de Nuestro magisterio: la encíclica Populorum Progressio.

Con estos sentimientos, Nos hacemos votos sinceros y cordiales para vuestra futura y noble misión al servicio de la paz, y Nos deseamos invocar sobre vosotros, alumnos de la 31 sesión del Colegio de Defensa de la N.A.T.O., y sobre vuestros profesores y superiores, entre los cuales Nos saludamos especialmente al General Einar Tufte Johnsen, que abandonará dentro de poco el mando de este Colegio, la abundancia de las bendiciones divinas. Nos hacemos extensivo este mismo favor, de todo corazón, a los miembros de vuestras familias y a las personas que os han acompañado aquí esta mañana, a las cuales Nos tenemos el placer de darles la más cordial bienvenida.

[Su Santidad agregó en inglés:]

Nos os agradecemos vuestra visita, Señores, con ocasión de la conclusión de esta sesión del Colegio de Defensa de la N.A.T.O., y Nos os damos la bienvenida a Nuestra casa.

Nos esperamos que, cuando regreséis a vuestros respectivos países, llevaréis con vosotros los sinceros llamamientos que Nos hemos hecho en favor de la paz. Vuestra experiencia de colaboración con colegas de diferentes naciones y razas, demostrará su mayor validez trabajando en favor de la paz universal.

Con Nuestros mejores deseos para vuestras futuras actividades, Nos invocamos sobre vosotros, sobre vuestros colegas, vuestras familias y vuestros seres queridos, las más ricas bendiciones y gracias de Dios.


*ORe (Buenos Aires), año XVIII, n°789, p.4.

 



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