Index   Back Top Print

[ EN  - ES  - FR ]

DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE IRÁN ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 16 de diciembre de 1971

 

Señor Embajador:

Nos alegran mucho las nobles palabras que acabáis de pronunciar y nos sentimos muy contento de recibir hoy a un representante tan cualificado de un pueblo que puede considerarse legítimamente como uno de los más antiguos de la tierra. En efecto, Irán ha celebrado hace poco el dos mil quinientos aniversario de Ciro el Grande.

El año pasado, por esta época, durante nuestro viaje al Extremo Oriente, tuvimos la fortuna de ponernos en contacto con el país de Irán y de hablar con vuestro Soberano, Su Majestad el Shahinshah Mohammad Reza Pahlavi, que os acredita hoy ante Nos. Os agradeceremos que seáis nuestro intérprete ante él, manifestándole el excelente recuerdo que guardamos de su acogida en Teherán. Los pocos minutos de conversación que tuvimos entonces con él nos permitieron apreciar no sólo sus elevados sentimientos sino también su preocupación por estar al tanto de los problemas que plantean hoy a todos los gobiernos la rápida evolución de la sociedad.

Estas preocupaciones se unen en parte con las nuestras. Ciertamente, la misión de la Iglesia es ante todo una misión religiosa. Pero Dios, que ha creado al hombre para un destino eterno, nos obliga a todos a no desinteresarnos de su destino temporal y a luchar para que se le aseguren en todo tiempo y lugar las condiciones de vida que corresponden a su dignidad. Por consiguiente, es normal que los grandes problemas que atormentan hoy a la humanidad – el del desarrollo y el de la paz, por citar sólo dos – ocupen un puesto importante en las preocupaciones de la Iglesia católica, como lo atestiguan los documentos que ella les dedica y las iniciativas que Coma en este terreno.

Esto significa, Señor Embajador, que la colaboración entre la Santa Sede y vuestro noble país a nivel de estos grandes problemas humanos resulta completamente normal, y que en el ejercicio de vuestra actividad encontraréis en nosotros unos aliados y amigos. Por otra parte, sabemos que poseéis una competencia y un talento para el ejercicio de este cargo, que os han conquistado con toda razón una gran estima en las misiones que habéis realizado durante numerosos años ante las mas elevadas instancias internacionales. Habéis tenido también contactos incluso con la Santa Sede relaciones que apreciamos mucho.

Por nuestra parte, estamos dispuesto a facilitar vuestra tarea en todo lo que dependa de nosotros. Invocamos de corazón sobre Irán y sobre la persona de su Soberano, igual que sobre Vuestra Excelencia y la misión que comenzáis hoy el favor y la protección del Dios Todopoderoso.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española,  1972 n.1 p.10.

 



© Copyright - Libreria Editrice Vaticana