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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE SUDÁN ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 10 de agosto de 1972

 

Señor Embajador:

Tenemos la gran satisfacción de recibir sus Cartas Credenciales y de manifestarle nuestra gratitud por los sentimientos que nos ha presentado en nombre del presidente Nimeiry y del gobierno y del pueblo de la República Democrática del Sudán. Le damos asimismo las gracias por sus amables palabras relativas a la obra de la Iglesia en las naciones en vías de desarrollo y en su mismo país, en particular en la región del sur.

Es éste ciertamente un momento significativo puesto que, según Vd. mismo ha subrayado, es Vd. el primer Embajador de la República Democrática del Sudán que presenta sus Cartas Credenciales ante la Santa Sede. Confiamos que este acontecimiento señalará una nueva época, con un nuevo clima de comprensión mutua.

Además, esperamos que el intercambio de representaciones diplomáticas será benéfico para el bien de su país y para la promoción del bienestar de todos sus habitantes. Confiamos en particular que será beneficioso para las comunidades cristianas y que contribuirá a mantener el diálogo felizmente comenzado entre cristianos y musulmanes.

Efectivamente, nos place subrayar las disposiciones recientemente tomadas sobre este asunto, de acuerdo con las cuales los ciudadanos de su nación tienen garantizada la libertad religiosa y la libertad de educación. Estamos convencido de que estas garantías hacen honor a su patrie y redundarán en gran beneficio hasta para la vida civil del Sudán.

Nos complace también que se haya realizado la reconciliación en su país y alimentamos la confianza de que su gobierno y su pueblo conseguirán realmente establecer condiciones de vida y de seguridad cada vez más satisfactorias, de modo que todos los ciudadanos puedan ver en su nación al protector de su bienestar y de un futuro tranquilo.

Bajo este respecto, podemos asegurar noblemente por nuestra parte que la Iglesia no sólo desea trabajar para el bienestar espiritual del pueblo del Sudán, sino también colaborar en la promoción de su plena dignidad humana y de sus bienes materiales. La Iglesia desea aplicar la plena medida de sus energías para promover aquellas iniciativas que contribuyan a convertir este mundo en un lugar en el que la discriminación y la violencia no existan y en el que por el contrario reinen la justicia y la paz.

Señor Embajador, le rogamos amablemente que presente estas promesas, junto con nuestros cordiales saludos, al Presidente y al pueblo de su querida patria.

A Vd. personalmente queremos presentarle nuestros mejores deseos a favor del pleno éxito de la misión que comienza felizmente en estos momentos.

Invocamos sobre todos los ciudadanos del Sudán la abundancia de las bendiciones de Dios.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.34 p.6.

 



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