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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL SEÑOR KLOS VISESSVRAKARN,
EMBAJADOR DE TAILANDIA ANTE LA SANTA SEDE*


Jueves 15 de diciembre de 1977

 

Señor Embajador:

Al recibir con placer vuestras Cartas Credenciales, rogarnos a V. E. se haga portador ante Su Majestad el Rey de Tailandia de nuestra sincera gratitud por sus buenos deseos, y de nuestras oraciones para que Dios le proteja, le guíe y dé verdadera prosperidad y paz a él y a su pueblo.

Los esfuerzos del hombre por alcanzar las. metas de la paz y la prosperidad no son consideradas por la Iglesia como algo ajeno a su misión. V. E. ha hecho ver cómo en Tailandia, las personas influidas por el mensaje de la Iglesia desempeñan papel importante en los campos de la medicina y educación, y han sido instrumento para la transmisión de ideas en pro del desarrollo creciente de vuestro país. El mensaje que la Iglesia tiene el honor de servir, se dirige al hombre y a la mujer concretos en medio de su necesidad real de bienes materiales y de las condiciones imprescindibles para el desarrollo intelectual, moral y espiritual; y la caridad cristiana, parte esencial de tal mensaje. impulsa a los miembros comprometidos de la Iglesia a acudir con la mayor generosidad posible a dichas necesidades.

Nos gozamos de que V. E. haya exaltado, en pleno acuerdo con las nobles tradiciones de Tailandia, los valores materiales. Muchos factores influyen en el desarrollo adecuado de los seres humanos y ninguno de ellos puede ignorarse al promover tal desarrollo. Pero sería una total inversión del orden natural de las cosas el no respetar la verdadera jerarquía de valores. Antes bien, deben procurarse los valores materiales a fin de asentar una base sólida para construir lo espiritual; y los valores espirituales sirven para dar significarlo a lo material,

Nos complacemos también de que V. E. haya reafirmado la importancia de. incrementar lo económico y la justicia social a nivel nacional e internacional, y pedimos a Dios bendiga los laudables esfuerzos a tal objeto del pueblo de Tailandia, a quien estimamos grandemente y en cuyos afanes por la promoción de esta causa tenemos gran confianza.

Miramos adelante para continuar la cordial colaboración entre Tailandia y la Santa Sede, por el bien de todos, y pedimos para V. E. favores divinos abundantes, a fin de que vuestra misión sea pródiga en bienes.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1978 n.3, p.11.



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