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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A UNA DELEGACIÓN DEL PATRIARCADO ECUMÉNICO DE
CONSTANTINOPLA PRESIDIDA POR MELITÓN DE CALCEDONIA


Sábado 1 de julio de 1978

 

De todo corazón, venerados hermanos, os damos la bienvenida entre nosotros con ocasión de la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo que acabarnos de celebrar. Os acogemos con afecto y estima. Estamos contento de que nuestras Iglesias hayan decidido este intercambio de visitas cada vez que celebran a sus santos patronos. Es un nuevo signo del progreso del redescubrimiento de la profunda comunión eclesial que existe ya entre nuestras Iglesias.

Estas celebraciones comunes de los Santos Apóstoles son una exigencia de fidelidad renovada. Fidelidad a su fe, fidelidad a su misión que, a través de una sucesión ininterrumpida, se continúa en el tiempo para anunciar al mundo la grande y buena nueva de Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rom 4, 26).

Este intercambio anual de visitas ofrece también una ocasión propicia para conversaciones fraternas con vistas a armonizar nuestra búsqueda común de la plena unidad entre nuestras Iglesias. La terminación de la obra comenzada requiere en efecto una colaboración cada vez más decidida en la búsqueda del objetivo y una voluntad inquebrantable de encontrar una solución a todas las dificultades que nos separan aún del día en que podremos conmemorar juntos todos los Apóstoles y todos los Santos de Oriente y de Occidente, en una gran concelebración eucarística de unidad y de alegría plena.

En estas perspectivas, estamos contento de saber que las dos comisiones encargadas de preparar el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa han realizado ya un gran trabajo. El hecho de que el comité de coordinación integrado por representantes de las dos comisiones se haya reunido ya para una tarea común demuestra claramente el progreso realizado. y la voluntad de llegar rápidamente al final de esta fase preparatoria para poder comenzar el verdadero diálogo teológico.

Que el Señor bendiga estos esfuerzos, a fin de que podamos de una vez por todas clarificar definitivamente todos esos puntos que, en el pasado, han provocado tensiones, choques e incluso interrupción de la comunión sacramental. Podamos, en la integridad de la fe común, realizar esta plena unidad que Cristo ha pedirlo para sus discípulos y para los que creerían en sus palabras.

Vuestra presencia en la celebración de la fiesta de los Santos Pedro y Pablo ha renovado en nosotros esta gozosa esperanza. Os damos las gracias por ello, y os rogamos transmitáis estos sentimientos de fraternidad, de comunión y de esperanza a nuestro venerado y querido hermano el Patriarca Dimitrios, y a todo su santo Sínodo.



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