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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
AL EMBAJADOR DE SUECIA ANTE LA SANTA SEDE*

Lunes 9 de febrero de 1987

 

Señor Embajador:

1. Me siento feliz de aceptar de Vuestra Excelencia las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Suecia. Al darle la bienvenida, quiero agradecerle los cordiales saludos que me ha transmitido de parte de Su Majestad el Rey Carlos Gustavo XVI y pedirle que le transmita igualmente mis mejores deseos.

Le agradezco su amable referencia a nuestro compromiso común por los ideales de fraternidad y solidaridad. Hay una urgente necesidad de subrayar estos ideales en el contexto actual de las relaciones internacionales. En el mundo moderno abundan los obstáculos a la solidaridad, obstáculos que provienen del prejuicio racial o de la intolerancia religiosa, o que son el resultado de ideologías y sistemas que engendran odio, desconfianza y conflictos. Frente a estos obstáculos, debemos estar convencidos del valor y de la eficacia real de la solidaridad y la colaboración fraterna. Se pueden establecer planes de acción y se pueden proyectar programas que den la posibilidad a los pueblos del mundo de vivir con relaciones honestas y desarrollar la cooperación confiada y fructífera, necesaria para consolidar la paz que los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo anhelan y reclaman como un derecho propio.

La Diplomacia puede prestar una importante contribución al establecimiento, cada vez más amplio, de la solidaridad internacional, ya que es tarea de los diplomáticos fomentar el diálogo y la comprensión mutua. Como dije en mi Mensaje para la XX Jornada mundial de la Paz: «Este espíritu de solidaridad es un espíritu abierto al diálogo; que hunde sus raíces en la verdad y que tiene necesidad de la misma para desarrollarse. Es un espíritu que busca construir y no destruir, unir y no dividir» (n. 4: L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 21 de diciembre de 1985, pág. 23).

2. Me agrada su referencia a las negociaciones para el desarme y al trabajo de la Organización de las Naciones Unidas. El alcance del compromiso de su País en dicha cooperación internacional se manifiesta claramente en la generosidad con que Suecia ha ofrecido ayuda a los países en vías de desarrollo. Alabo de todo corazón este significativo historial. Como usted sabe, la Santa Sede considera favorable el trabajo de las Naciones Unidas en este campo y le agradaría ver una mayor cooperación a nivel internacional.

3. La solidaridad internacional no es simplemente una recomendación conveniente de orden práctico; es una necesidad moral. Dado que la familia humana es una, por el mero hecho de haber nacido todos en este mundo, compartimos con cada ser humano la misma herencia y el mismo destino eterno. Todos hemos sido hechos a imagen y semejanza del único Dios. Y es alentador observar un conocimiento cada vez mayor de este hecho, junto con una conciencia creciente del continuo aumento de la interdependencia entre las naciones y de la consiguiente necesidad de una colaboración internacional en la búsqueda del bien común. Las cordiales relaciones diplomáticas que existen entre Suecia y la Santa Sede constituyen una expresión válida de nuestra convicción común de la primacía del entendimiento, la paz y la colaboración sobre todas las formas de división existentes entre los pueblos y en el ámbito de la vida internacional.

Mis pensamientos no pueden dejar de concentrarse en la larga historia de la presencia del Cristianismo en Suecia, una presencia que se remonta por lo menos a la primera misión cristiana de la que se tiene constancia en Birka durante el año 830. Aunque el número de católicos en su País es hoy pequeño, me siento feliz de que exista un clima favorable para el entendimiento y el esfuerzo ecuménico entre las distintas Iglesias. Espero ardientemente que esta forma de solidaridad religiosa crezca rápidamente y sirva para responder a las urgentes necesidades espirituales de nuestro tiempo.

Señor Embajador: confío en que su misión aquí será una misión fructífera. Le aseguro que usted recibirá la cooperación de la Santa Sede para su realización. Que Dios le ayude en su nueva, misión y que derrame sobre todo el querido pueblo de Suecia sus abundantes bendiciones.


*L'Osservatore Romano, edición Semanal en lengua española, n.12, p.10.



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