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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA UNIDA DE TANZANIA
ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 17 de noviembre de 1983

 

Señor Embajador:

Me complazco en dar cordial bienvenida a Su Excelencia al recibir de usted las Cartas Credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Unida de Tanzania. Me da alegría recibir el saludo cortés que me trae del Excmo. Presidente Nyerere y con gusto correspondo a mi vez a sus buenos deseos.

Animado por las palabras de su discurso, deseo volver a dar constancia del interés perenne de la Iglesia por proc1amar de palabra y obra el mensaje de verdad y libertad, justicia y paz que le confió su Divino Fundador. Su servicio a la Humanidad complementa la obra de los gobernantes en su trabajo por garantizar el bien común. La Iglesia trata de impu1sar el progreso moral y el crecimiento espiritual en todos los niveles de la sociedad, a fin de que cada individuo pueda gozar plenamente de la noble dignidad humana que tiene por autor a Dios Todopoderoso. De este modo, la Iglesia da testimonio del sentido verdadero de la existencia y, al hacerlo, quiere ser operadora de justicia, reconciliación y paz entre todos los pueblos.

En este contexto tengo en gran aprecio lo que usted ha dicho de que, su País está resuelto a lograr metas de paz, libertad y justicia, y ello a nivel nacional e internacional. Tengo la convicción de que la paz es posible precisamente porque cada hombre, mujer y niño poseen igual herencia al ser hijo o hija de un mismo Padre celestial que creó el mundo y rige sus destinos. Cada nación, raza y pueblo de la Tierra tienen una historia idéntica y persiguen la misma meta de la felicidad.

Quienes aspiran a ser operadores de paz hoy, tienen que asumir el reto de dedicarse a fomentar actitudes que elijan la paz en vez de la violencia y difundan el respeto de la dignidad espiritual de cada persona.

Señor Embajador: en el desempeño de sus responsabilidades va a tener usted la oportunidad única de fomentar armonía, paz y comprensión entre las naciones. Su función específica consistirá en alimentar la relación de amistad y cooperación ya existente entre Tanzania y la Santa Sede. Puede estar seguro de mis oraciones por el éxito de su misión en el desempeño de este cargo. Dios le bendiga a usted y a su trabajo.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española 1984, n.3, p.6.



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