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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE IRÁN ANTE LA SANTA SEDE
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Señor Embajador:

Las amables palabras que Vuestra Excelencia acaba de dirigirnos nos conmueven profundamente porque todavía esta presente en nuestro espíritu y en nuestro corazón la cordial y ferviente acogida, la delicada hospitalidad con que se nos trató hace pocas semanas durante nuestra escala en Teherán, cuando nos presentamos como humilde sucesor del apóstol Pedro y como peregrino de la paz. Y hemos tenido ocasión de expresar nuestro vivo agradecimiento a su Majestad Imperial, Mohamnmad Reza Pahlavi, el Shahinshah Ariamehr, que os acredita hoy ante nosotros como Embajador. Os damos la bienvenida ante esta Sede Apostólica a Vos y a todo el noble pueblo que representáis.

Nos hemos enterado con profunda emoción de que os disponéis a celebrar el 2.500 aniversario de Ciro el Grande, evocando su personalidad y su obra. Para nosotros, como sabéis, el testimonio de la Biblia nos presenta este ilustre emperador como el símbolo de un gran personaje que realiza el plan de Dios; un símbolo del respeto a las minorías, de su liberación de la esclavitud y del exilio, en una palabra, de la esperanza.

A través de todas las vicisitudes de su historia, vuestro país ha seguido siendo un foco de civilización, conservando su fisonomía original en el corazón de Asia. Y apreciamos los esfuerzos realizados hoy día por Su Majestad Imperial, no sólo con vistas al progreso técnico sino también para la alfabetización –¿ no es significativo que el congreso de la UNESCO de 1965 se haya celebrado en vuestra capital? –, para la reforma agraria, para el acceso de todos a unas mejores condiciones de vida, para la protección contra lo que deshumaniza y envilece al hombre, para la consolidación, en fin, de la justicia y de la paz. Nuestra misión espiritual nos obliga a fomentar y promover, dentro de nuestras débiles fuerzas, como una voluntad de Dios y una respuesta a su amor, esta búsqueda de un desarrollo humano integral siempre abierto al Absoluto. ¿No ha sido siempre un honor de vuestras poblaciones el culto a los autores místicos?

Nos agrada ver que vuestros gobernantes y el mismo pueblo iraní manifiestan hoy un acogedor espíritu de dialogo con las comunidades de toda raza y de toda confesión. En el seno de vuestro país, los católicos, yen primer lugar las congregaciones religiosas, sólo piden esta posibilidad de vivir y de testimoniar su fe, igual que esta libertad para servir a sus compatriotas con toda clase de actividades hospitalarias, culturales y educativas que les permiten sus medios, con ese espíritu de caridad universal que es como una antigua tradición de vuestro país.

Con estos sentimientos, formulamos los mejores deseos para la misión que Vuestra Excelencia inaugura en este día ante la Santa Sede, en esta ciudad en la que tantas embajadas se dan como una cita y en la que nosotros queremos ver un presagio de la paz a la que todos aspiramos. Por mediación vuestra renovamos a Su Majestad Imperial nuestros más respetuosos saludos e invocamos de todo corazón sobre el pueblo iraní e sobre Vos mismo, la ayuda y la bendición del Altísimo.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.3 p.8.

 



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